jueves, 24 de enero de 2013
Otro lado
Dicen las personas contienen otro lado oscuro y desconocido, y nunca he pensado lo contrario, pero, ¿cómo puede esa faceta nuestra mantenerse escondida sin que nosotros no la percibamos?, fue una de las dudas más grandes que he tenido, y hasta el día de hoy pienso que es la más difícil de contestar, bien, ahora que sólo me quedan unas horas de vida, puedo dar mi testimonio. Como hombre, y por tanto, curioso, me dí a la búsqueda de la respuesta a esta interrogante, estudiaba antropología por el mismo afán de encontrar una respuesta a la existencia humana y sus facetas. En cuanto a mí mentalmente, era un joven enfermizo, un poco introvertido, pero que dentro de todo era común y corriente, no tengo grandes historias de amor que contar, al menos ninguna que incumba a el relato de esta historia, historia que comenzó cuando conocí a Claudia.
Era un frío atardecer de un día de Octubre, caminaba por la calle después de ir a comprar al mercado, la calle estaba casi vacía, por un carnaval en un pueblo cercano, y entonces la vi, caminaba en dirección contraria, una chica de mi edad, o tal vez mayor, de un largo pelo negro, y ojos del mismo color de un brillo increíble, menuda, y de altura promedio, mentiría si dijera que no quede embobado viendo como pasaba cerca mío, y el azar terminó por dejarnos hablando de diferentes temas en un café cerca de mi casa, como llegamos a ese punto, sinceramente no lo recuerdo, pero al pasar los meses terminamos necesitándonos el uno al otro, de una forma increíblemente acelerada, nos mudamos a mi casa casi tan rápido como nos conocimos y nos complementamos, al parecer estaba “enamorado”, no lo sé, debió ser así, ya que no podía definir lo que me llevaba a necesitar a Claudia a mi lado, pero en lo que no tenia duda la necesitaba en mi vida.
Una mañana, trabajaba en mi proyecto de existencia humana, estaba ya cerca de presentar mis conclusiones a una comunidad y publicarlas, ocurrió un accidente un poco detestable, había encontrado la supuesta “esencia de las almas”, por un proceso de autohipnosis, vagando en mi propio ser como sujeto de estudio, tuve problemas con la sincronización cuerpo-alma, tal vez por forzar tan seguido mi cuerpo al experimento, mi cuerpo colapsó, y por lo que pude investigar al despertar, estuve inconsciente por una semana, para ser optimistas, Claudia me encontró tirado en el sótano de la casa, y el cuarto en sí estaba hecho un desastre. Pasó otra semana para poder salir del hospital, después de algunas pruebas para ver mi estado mental, y que no tuviera alguna secuela del accidente, que para todos, excepto yo, era inexplicable.
Después de un año de estar con Claudia a mi lado, y de unos ocho meses desde el accidente con el estudio de la existencia humana, empecé a dudar de mis propios sentimientos, no sabía exactamente mi camino con ella, mi vida con ella, no podía proyectar nuestro mundo a un futuro, ni incluso el más cercano, no sé que pudo haber pasado, para ese momento no pensaba en ninguna posible secuela del accidente, pero ya no tenía los mismos pensamientos, algo en mi había cambiado, y no conocía su origen exacto, y menos lo que podría provocar ese cambio en mí. Pasaban las semanas, y cada pensamiento en mí se olvidaba y sustituía por otro cada vez peor, estaba asustado, y Claudia notaba ese cambio paulatino en mí, o era eso lo que parecía, su semblante, al igual que el mío, había cambiado, de forma lenta, inexplicable, o más bien, con una causa que mi mente no podía comprender en ese momento, ya no era la misma, parecíase que le había contagiado mi “enfermedad”. Eventualmente, las peleas entre nosotros dos se fueron dando, una cada tres meses, después dos cada mes, dos o más cada quincena, cada semana, todos los días, se volvió rutina, por cosas insignificantes, superfluas, Claudia me escrutaba cada vez que podía, el cuidado de la casa, de las mascotas, que no me preocupaba lo suficiente por ella, que todo lo que hacia era pasar en el sótano “durmiendo”, le explique en ese momento, gritando de cólera, que lo que ella llamada “dormir”, era el arte del hipnotismo, y que gracias a todas esas horas “durmiendo”, es que mi estudio antropológico sería conocido en el mundo entero, y no tendríamos que preocuparnos por nada por el resto de nuestras vidas, después de gritarle esas palabras, salí de la casa dejando tras de mí un estridente portazo y después, silencio. Cuando volví, pasada unas horas, la casa seguía con ese pesado ambiente que quedaba siempre de una pelea, pero esta vez, había algo diferente, muy sutil, revoloteando por el aire, me parecía un poco familiar, pero de igual forma era identificable, me erizó la piel unos momentos, pero me acostumbré después de unos minutos, bajé al sótano, y, ¡lo que vi ahí me congeló por completo!, ¡Claudia, Claudia! , ¡¿Por qué demonios estaba Claudia usando mi sistema de autohipnosis?! , estaba ahí sentada, pero no era igual a mis grabaciones en las que yo me sometía al procedimiento, de ella se irradiaba algo, que no conocía muy bien, pero que agudizaba todos mis sentidos, tal como un animal siente el peligro, esto era muy diferente a mi experimento normal, tenía miedo, estaba petrificado, sentía como toda esa energía inundaba el lugar, y me hacia sentir pequeño, muy pequeño, mis apreciaciones las detuvo la misma Claudia, que susurraba unas palabras, para mí indescifrables, no era español, ni otro lenguaje que conociera, pero al escuchar las primeras oraciones, me sentí mas asustado que antes, su tono de voz había cambiado, y entonces caí en la cuenta que ella aprendió a usar el sistema de autohipnosis por su propia cuenta, y en tan sólo unas horas, algo tenía que haber salido mal, era obvio, yo mismo me demoré meses en poder siquiera manejarlo solo y sin inconvenientes, era un principio básico, si el sistema no se ocupa de forma adecuada, los resultados varían mucho entre sí, mientras pensaba todo esto de la forma más rápida que mi mente asimilaba, Claudia seguía hablando en esa jerga extraña, pero ya no eran susurros, sino unos gritos desgarradores, después de salir del susto del primer grito, corrí hacia ella para intentar despertarla, era la única solución que mi mente pudo concebir, pero al tocarla me sentí levemente empujado por una fuerza superior, que me hizo volar hasta la entrada del sótano, perdí la fuerza por unos momentos, pero me volví a parar y corrí hacia ella, la toqué nuevamente, sentí que mi fuerza se iba, se me nublaba la vista, y me quede dormido.
Desperté, pero no estaba en el sótano, parecía un cuarto de aspecto tosco, las paredes eran de concreto, y sólo había un pequeño lavamanos en un rincón, me levanté y me dirigí semidormido al lavamanos, entonces la reja atrás mío se abre: estaba en la cárcel, había matado a Claudia, y enterré su cadáver en el patio de mi casa. Me preguntaba qué demonios había pasado, no entendía absolutamente nada, qué historia era esa de que asesiné a Claudia, eso era falso, yo intenté ayudarla, estaba pensando en todo esto cuando un hombre alto y corpulento me dice que ya era hora de hablar, me llevó a un cuarto un poco más arreglado, con dos sillas y una mesa, nos sentamos, y el empezó a preguntar, intenté responderle, pero no había mucho que pudiera contar, entonces él alza la voz, con un tono de inmensa cólera:
“¿Acaso no lo entiendes?, tú lo hiciste, tú la mataste, tenemos notificado aquí tu extraño accidente en el sótano de tu casa, al parecer no tenias ninguna secuela, pero nunca más fuiste al doctor, a pesar que se te había dicho que debías ir después de tres meses, testigos afirman que tu conducta desde ese entonces había cambiado, te habías hecho más explosivo, y más violento, tenemos aquí todas las pruebas, resulta que tú y la victima ya no estaban bien en su relación, y después de una pelea, tu la estrangulaste, sin piedad, hasta morir, confiesa, no hay nada que puedas hacer, deja que tu alma descanse en paz, ¡confiesa¡ ”. Sus palabras me dejaron atónito, y después de digerirlas, totalmente aterrorizado, había desarrollado una doble personalidad, o parecía que había solapado toda esa furia y cólera usando un bloqueo mental, no recordaba nada de eso, no tenia recuerdos de mi “nuevo yo”, nada, me quedé petrificado, mientras el oficial seguía balbuceando, entonces una infinidad de imágenes vino a mí, como si se hubiera liberado el cauce de un río, todo lo que mi mente había bloqueado aparentemente, vino de golpe, cada recuerdo, uno tras otro, fugaces y volátiles, vi todas las peleas nuevamente, pero en cada una de ellas yo la golpeaba, luego, en la ultima pelea, vi como la estrangulaba, lentamente, y, en vez de asesinarla, la conduje al sótano, la até a la silla, y experimente con ella mi sistema de autohipnosis, salí unos minutos al patio, y cuando volví, simplemente la asesiné, así, sin más, para luego resbalar de forma estúpida en la escalera y golpearme la cabeza contra algo sólido y duro, todo me pareció rápido, y la cantidad de información recibida al parecer me produjo un colapso nervioso, porque me desmayé ahí mismo, lo entendía todo, sabía lo que había pasado, todo era cierto, todo era tan simple ahora, pero aun así, mi personalidad sigue siendo como si no existiera ese otro yo explosivo y violento, como si después de ese golpe en la pared hubiera desaparecido, quedándose dormido dentro de mí, para siempre, tal vez, o tal vez no, sólo sé una cosa que me mantiene lucido a unas horas de extinguirme, estaba en lo correcto, existe dentro de nosotros, un lado oscuro y cruel, la encarnación de todo lo que “es” nosotros sin ser nosotros, lo que no es humano, pero es parte de lo humano, nuestra cara oculta, nuestro otro lado.
miércoles, 9 de enero de 2013
Historias de alta mar, capitulo 1
“Las historias suelen empezar con un
"había una vez" y suelen ser historias con un "vivieron felices
por siempre", no hay nada más alejado de la realidad, bien pues, yo les
contaré una historia de la realidad, la historia de un joven, abandonado a la
suerte y el destino, si recuerdo bien su nombre era Jhon, pero su nombre no es
tan relevante, como la historia detrás de él...” - así fue como el vivaz
anciano empezó a relatar la regular historia que solía contar a cualquier chico
que se lo pidiera, en este caso, a un grupo de pequeños que visitaba el puerto
de la famosa ciudad de Antares, en el país de Moria, ciudad conocida por la
cantidad de relatos sobre el tiempo antiguo y las recientes hazañas de los
nuevos piratas y las leyendas de los viejos, en ese entonces el mundo era un
lugar desconocido a miradas humanas, y sólo los espíritus valientes se aventuraban
al vasto mar en busca de una gloriosa campaña que les diera fama y fortuna, así
fue como las recientes naciones se distribuyeron el mundo, a fuerza de jóvenes
que tuvieran el coraje para afrontar lo desconocido. Pues bien, el anciano
empezó su relato y dijo a cada uno de los jóvenes que estuvieran atentos, pues
esta historia había sucedido sólo hace unas décadas atrás, cuando los mares
eran gobernados por la dictadura de Romlos, un país costero del sur con una
gran fuerza militar, pero que nunca pudo frenar a los piratas ,que al unirse en
contra de su reinado, terminó por acabar las ansias de poder de esa nación,
cada joven se acomodó lo mejor que pudo en un rincón del puerto, algunos se
sentaron sobre algunas cajas y barriles que habían cerca, y con gran interés
oyeron las palabras del anciano, que a su propio estilo de pregonero,
estimulaba el espíritu de cada unos de esos jóvenes.
Era una calurosa tarde de primavera, y en
la ciudad de Mircka ,en el país de Moria, conocida por ser un puerto
conflictivo debido a los múltiples piratas que arriban a la ciudad, se
preparaba el festival de la cosecha, y todos en el puerto preparaban sus
mejores vestidos para el carnaval, las mujeres preparaban sus ornamentas, los
niños alegres esperaban los fuegos artificiales y los hombres conseguir una
cita perfecta a la luz de los mismos, pero todo esto no era más que un tema
irrelevante para el joven Jhon, nacido de una madre desconocida y un padre
perdido, se crío en las calles de la ciudad como un animal salvaje en una selva
de adobe, muy conocido era en la ciudad que lo vio crecer, y tan solo a sus 16
años le precedía una fama de pillo y ladrón, y algunos altercados con la
policía local, pero los pocos chicos y hombres que le conocieron más que sólo
superficialmente podían ver en él un espíritu noble y un corazón bondadoso,
claramente ,la fama que tenía y los altercados policiales no le molestaban a
este joven, solía decir que la gente basaba sus opiniones sobre las personas sólo
observando la sombra de ellas, tal como uno no lee un libro sólo por su
portada, y caminaba por las calles despreocupadamente tal cual un rey por su
reino, para Jhon la ciudad era su feudo, la ciudad le pertenecía como él a la
ciudad, caminaba gustoso por las diferentes calles y avenidas donde siempre
podías ver marineros en busca de algún recuerdo de la ciudad, o la oficina de
correos para mandar un saludo a los familiares en tierra, también por los
callejones y pequeños pasajes, que le han sido de mucha ayuda al muchacho en
sus andanzas, donde también ha conocido jóvenes como él, pero nunca fue de
grupo, así que no tenias muchas amistades en las calles, conocía bien el tipo
de hombres que la calle formaba, y no deseaba tenerlos cerca. Mircka era en sí
una ciudad separada en dos, la zona de la gente acaudalada estaba en los
montes, mientras que la gente normal y de bajos recursos vivía en las planicies
cerca del puerto, Jhon conocía perfectamente las planicies de la ciudad, pocas
veces fue a la zona acaudalada, sólo recordaba vagas imágenes de un orfanato en
los montes, del que se había fugado a los 8 años, y de un cementerio cerca del
orfanato, no recordaba cuál era el motivo del por qué él estaba en el
cementerio, pero es una imagen de su niñez que no podía olvidar, el resto de su
vida fue el puerto, lugar donde daba vueltas buscando la comida del día.
Jhon se dirigió al puerto, lugar que solía
frecuentar en busca de comida, junto con las casa al pie de los montes, de
recursos medios y donde la gente de buen corazón, si se podía llamar así, le
daba las sobras o los alimentos a punto de caducar, y hasta ahora, no le había
fallado nunca, y su estomago, a pesar de los alimentos que regularmente
consumía, tampoco le había fallado, pero esta vez, en esa tarde de primavera, en
el puerto le esperaba una sorpresa que cambiaría su existencia para siempre,
algunos lo llamarían suerte, otros le llamarían destino.
Caminaba sin preocupaciones por el puerto, la gente estaba aglomerada a esa hora allí, buscando los mejores peces para celebrar el festival, y mientras, Jhon pensaba que plato satisfará mejor su feroz apetito, había de diferentes tipos: Langostas, Almejas, Calamar, Sardinas, incluso tiburón. Mientras Jhon observaba los manjares de los puestos, dos pequeñuelos corrían y gritaban estrepitosamente por la calle, a simple vista una pareja de hermanos, golpeando y apartando a las personas que se opusieran en su camino, siendo Jhon uno de ellos, pero al toparse con los dos, pudo notar que los chicos iban huyendo de unos oficiales de policía que sólo estaban a unos metros de ellos y que a final de cuentas, serian atrapados, al darse cuenta, Jhon sintió compasión por los dos niños, eran pequeños, tenían estropajos puestos, como él a esa edad, lo más probable es que sean huérfanos, y Jhon conocía perfectamente a los policías de la ciudad y sus tratos crueles a los ladronzuelos, sin importar que tan jóvenes sean, por eso, y tomando un pequeño impulso, empujó a un policía cuando estuvo a su alcance, tirándolo al suelo, y grito fuerte al otro, que se detuvo al ver a su compañero en el piso, retándolo a que le atrapara, entonces los dos policías cambiaron bruscamente su objetivo y fueron tras el joven, Jhon corrió lo más rápido que pudo, esquivando a toda la muchedumbre del camino, habilidad que ganó con años de experiencia hurtando de los puestos y luego corriendo a toda velocidad, y en tan sólo unas cuadras, se metió por un angosto pasaje, un viejo truco y un escondite frecuente, y se escondió detrás de un bote de basura y se tapo con unos trapos cercanos a él, al llegar los dos policías no lograron olfatear ningún rastro del muchacho, y este, desde su escondite, logro divisar como uno de ellos hacia una mueca de disgusto al marcharse del lugar, Jhon había ganado otra vez.
Caminaba sin preocupaciones por el puerto, la gente estaba aglomerada a esa hora allí, buscando los mejores peces para celebrar el festival, y mientras, Jhon pensaba que plato satisfará mejor su feroz apetito, había de diferentes tipos: Langostas, Almejas, Calamar, Sardinas, incluso tiburón. Mientras Jhon observaba los manjares de los puestos, dos pequeñuelos corrían y gritaban estrepitosamente por la calle, a simple vista una pareja de hermanos, golpeando y apartando a las personas que se opusieran en su camino, siendo Jhon uno de ellos, pero al toparse con los dos, pudo notar que los chicos iban huyendo de unos oficiales de policía que sólo estaban a unos metros de ellos y que a final de cuentas, serian atrapados, al darse cuenta, Jhon sintió compasión por los dos niños, eran pequeños, tenían estropajos puestos, como él a esa edad, lo más probable es que sean huérfanos, y Jhon conocía perfectamente a los policías de la ciudad y sus tratos crueles a los ladronzuelos, sin importar que tan jóvenes sean, por eso, y tomando un pequeño impulso, empujó a un policía cuando estuvo a su alcance, tirándolo al suelo, y grito fuerte al otro, que se detuvo al ver a su compañero en el piso, retándolo a que le atrapara, entonces los dos policías cambiaron bruscamente su objetivo y fueron tras el joven, Jhon corrió lo más rápido que pudo, esquivando a toda la muchedumbre del camino, habilidad que ganó con años de experiencia hurtando de los puestos y luego corriendo a toda velocidad, y en tan sólo unas cuadras, se metió por un angosto pasaje, un viejo truco y un escondite frecuente, y se escondió detrás de un bote de basura y se tapo con unos trapos cercanos a él, al llegar los dos policías no lograron olfatear ningún rastro del muchacho, y este, desde su escondite, logro divisar como uno de ellos hacia una mueca de disgusto al marcharse del lugar, Jhon había ganado otra vez.
Al cabo de unos minutos, el joven salio de
su escondite y se limpió lo mejor que pudo sus ropas, que no eran más que unos trapos
viejos que había obtenido de una anciana de buen corazón, que vivía al pie de
los montes, vestía como siempre, una vieja camisa unas cuantas tallas mas
grande, de un color grisáceo por el uso, acompañado de unos pantalones
pescadores tan viejos como la camisa, pero de un cuero muy resistente, que
nunca le había dado problema al muchacho, se acomodo la camisa, que se había
desarreglado por la corrida, había un charco cerca de él y pudo ver claramente
su figura, a pesar de no tener una alimentación balanceada, poseía una
complexión mayor al promedio, debía medir 1,66 tal vez, y su rostro era la
prueba de su vida, su cara era seca y serena, su nariz aguileña, su cabello era
de un color rojizo muy marcado, raro entre los Morianos, le llegaba hasta los
hombros, pero no se veía desarreglado, aunque si estaba muy sucio, sus cejas
eran negras, y sus ojos de un color verde intenso, con un brillo particular y
su boca pequeña y fina. Luego de sacudir sus ropas, el joven salio del callejón
con suma cautela, en caso de que los policías siguieran allí, pero al ver que
no había ninguno, salió de inmediato, despreocupadamente y siguió su camino por
el muelle, ya estaba casi en el final, y debido a la corrida no se había fijado
en el enorme monstruo de batalla al final del puerto, era un navío macizo, de
tres palos, de los cuales colgaban las velas, cerradas en ese momento, cosa
común en los navíos que arriban a un puerto, pero aun así la imagen del barco
era impresionante, sin duda era una fragata, y el joven Jhon quedo atónito
mirando a ese Golem de madera, usualmente ocupado por piratas y mercaderes, y
aunque el joven ya había visto muchas veces navíos de ese estilo, la propia
armada de Moria tenia increíbles fragatas como la famosa Marceline, navío crucial en la batalla naval de Mircka, hace unos
cincuenta años atrás, este le llamo la atención de una forma feroz, pensó en
todo lo que ese buque habría recorrido, las múltiples aventuras que sus
tripulantes han vivido, ¡eso! ,como un rayo de luz, llego a la mente de Jhon, deseo
de aventuras, era lo que quería, lo que le llamaba la atención del barco, el
navío era la representación sólida de lo que necesitaba : Aventuras, navegar
los mares del mundo en una nave como esa podría significar una travesía que lo
haría famoso y rico, quien sabe, podría incluso volver a Mircka como un hombre
millonario, miro al mar por unos instantes, si, ese vasto mar para él era un
sinfín de posibilidades que en la ciudad nunca tendría, incluso para ingresar
al ejercito de Moria ya era muy viejo, ya que los chicos suelen ingresar a los
13 años, para que su formación física sea moldeada por el ejercito de
inmediato, junto con su conducta, entonces el muchacho volvió la mirada a la
fragata y con decisión, optó por la opción que cambiaría su vida, el llamado
estaba hecho y la idea fija en su mente: seria por cualquier medio un
tripulante de ese barco.
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