“Las historias suelen empezar con un
"había una vez" y suelen ser historias con un "vivieron felices
por siempre", no hay nada más alejado de la realidad, bien pues, yo les
contaré una historia de la realidad, la historia de un joven, abandonado a la
suerte y el destino, si recuerdo bien su nombre era Jhon, pero su nombre no es
tan relevante, como la historia detrás de él...” - así fue como el vivaz
anciano empezó a relatar la regular historia que solía contar a cualquier chico
que se lo pidiera, en este caso, a un grupo de pequeños que visitaba el puerto
de la famosa ciudad de Antares, en el país de Moria, ciudad conocida por la
cantidad de relatos sobre el tiempo antiguo y las recientes hazañas de los
nuevos piratas y las leyendas de los viejos, en ese entonces el mundo era un
lugar desconocido a miradas humanas, y sólo los espíritus valientes se aventuraban
al vasto mar en busca de una gloriosa campaña que les diera fama y fortuna, así
fue como las recientes naciones se distribuyeron el mundo, a fuerza de jóvenes
que tuvieran el coraje para afrontar lo desconocido. Pues bien, el anciano
empezó su relato y dijo a cada uno de los jóvenes que estuvieran atentos, pues
esta historia había sucedido sólo hace unas décadas atrás, cuando los mares
eran gobernados por la dictadura de Romlos, un país costero del sur con una
gran fuerza militar, pero que nunca pudo frenar a los piratas ,que al unirse en
contra de su reinado, terminó por acabar las ansias de poder de esa nación,
cada joven se acomodó lo mejor que pudo en un rincón del puerto, algunos se
sentaron sobre algunas cajas y barriles que habían cerca, y con gran interés
oyeron las palabras del anciano, que a su propio estilo de pregonero,
estimulaba el espíritu de cada unos de esos jóvenes.
Era una calurosa tarde de primavera, y en
la ciudad de Mircka ,en el país de Moria, conocida por ser un puerto
conflictivo debido a los múltiples piratas que arriban a la ciudad, se
preparaba el festival de la cosecha, y todos en el puerto preparaban sus
mejores vestidos para el carnaval, las mujeres preparaban sus ornamentas, los
niños alegres esperaban los fuegos artificiales y los hombres conseguir una
cita perfecta a la luz de los mismos, pero todo esto no era más que un tema
irrelevante para el joven Jhon, nacido de una madre desconocida y un padre
perdido, se crío en las calles de la ciudad como un animal salvaje en una selva
de adobe, muy conocido era en la ciudad que lo vio crecer, y tan solo a sus 16
años le precedía una fama de pillo y ladrón, y algunos altercados con la
policía local, pero los pocos chicos y hombres que le conocieron más que sólo
superficialmente podían ver en él un espíritu noble y un corazón bondadoso,
claramente ,la fama que tenía y los altercados policiales no le molestaban a
este joven, solía decir que la gente basaba sus opiniones sobre las personas sólo
observando la sombra de ellas, tal como uno no lee un libro sólo por su
portada, y caminaba por las calles despreocupadamente tal cual un rey por su
reino, para Jhon la ciudad era su feudo, la ciudad le pertenecía como él a la
ciudad, caminaba gustoso por las diferentes calles y avenidas donde siempre
podías ver marineros en busca de algún recuerdo de la ciudad, o la oficina de
correos para mandar un saludo a los familiares en tierra, también por los
callejones y pequeños pasajes, que le han sido de mucha ayuda al muchacho en
sus andanzas, donde también ha conocido jóvenes como él, pero nunca fue de
grupo, así que no tenias muchas amistades en las calles, conocía bien el tipo
de hombres que la calle formaba, y no deseaba tenerlos cerca. Mircka era en sí
una ciudad separada en dos, la zona de la gente acaudalada estaba en los
montes, mientras que la gente normal y de bajos recursos vivía en las planicies
cerca del puerto, Jhon conocía perfectamente las planicies de la ciudad, pocas
veces fue a la zona acaudalada, sólo recordaba vagas imágenes de un orfanato en
los montes, del que se había fugado a los 8 años, y de un cementerio cerca del
orfanato, no recordaba cuál era el motivo del por qué él estaba en el
cementerio, pero es una imagen de su niñez que no podía olvidar, el resto de su
vida fue el puerto, lugar donde daba vueltas buscando la comida del día.
Jhon se dirigió al puerto, lugar que solía
frecuentar en busca de comida, junto con las casa al pie de los montes, de
recursos medios y donde la gente de buen corazón, si se podía llamar así, le
daba las sobras o los alimentos a punto de caducar, y hasta ahora, no le había
fallado nunca, y su estomago, a pesar de los alimentos que regularmente
consumía, tampoco le había fallado, pero esta vez, en esa tarde de primavera, en
el puerto le esperaba una sorpresa que cambiaría su existencia para siempre,
algunos lo llamarían suerte, otros le llamarían destino.
Caminaba sin preocupaciones por el puerto, la gente estaba aglomerada a esa hora allí, buscando los mejores peces para celebrar el festival, y mientras, Jhon pensaba que plato satisfará mejor su feroz apetito, había de diferentes tipos: Langostas, Almejas, Calamar, Sardinas, incluso tiburón. Mientras Jhon observaba los manjares de los puestos, dos pequeñuelos corrían y gritaban estrepitosamente por la calle, a simple vista una pareja de hermanos, golpeando y apartando a las personas que se opusieran en su camino, siendo Jhon uno de ellos, pero al toparse con los dos, pudo notar que los chicos iban huyendo de unos oficiales de policía que sólo estaban a unos metros de ellos y que a final de cuentas, serian atrapados, al darse cuenta, Jhon sintió compasión por los dos niños, eran pequeños, tenían estropajos puestos, como él a esa edad, lo más probable es que sean huérfanos, y Jhon conocía perfectamente a los policías de la ciudad y sus tratos crueles a los ladronzuelos, sin importar que tan jóvenes sean, por eso, y tomando un pequeño impulso, empujó a un policía cuando estuvo a su alcance, tirándolo al suelo, y grito fuerte al otro, que se detuvo al ver a su compañero en el piso, retándolo a que le atrapara, entonces los dos policías cambiaron bruscamente su objetivo y fueron tras el joven, Jhon corrió lo más rápido que pudo, esquivando a toda la muchedumbre del camino, habilidad que ganó con años de experiencia hurtando de los puestos y luego corriendo a toda velocidad, y en tan sólo unas cuadras, se metió por un angosto pasaje, un viejo truco y un escondite frecuente, y se escondió detrás de un bote de basura y se tapo con unos trapos cercanos a él, al llegar los dos policías no lograron olfatear ningún rastro del muchacho, y este, desde su escondite, logro divisar como uno de ellos hacia una mueca de disgusto al marcharse del lugar, Jhon había ganado otra vez.
Caminaba sin preocupaciones por el puerto, la gente estaba aglomerada a esa hora allí, buscando los mejores peces para celebrar el festival, y mientras, Jhon pensaba que plato satisfará mejor su feroz apetito, había de diferentes tipos: Langostas, Almejas, Calamar, Sardinas, incluso tiburón. Mientras Jhon observaba los manjares de los puestos, dos pequeñuelos corrían y gritaban estrepitosamente por la calle, a simple vista una pareja de hermanos, golpeando y apartando a las personas que se opusieran en su camino, siendo Jhon uno de ellos, pero al toparse con los dos, pudo notar que los chicos iban huyendo de unos oficiales de policía que sólo estaban a unos metros de ellos y que a final de cuentas, serian atrapados, al darse cuenta, Jhon sintió compasión por los dos niños, eran pequeños, tenían estropajos puestos, como él a esa edad, lo más probable es que sean huérfanos, y Jhon conocía perfectamente a los policías de la ciudad y sus tratos crueles a los ladronzuelos, sin importar que tan jóvenes sean, por eso, y tomando un pequeño impulso, empujó a un policía cuando estuvo a su alcance, tirándolo al suelo, y grito fuerte al otro, que se detuvo al ver a su compañero en el piso, retándolo a que le atrapara, entonces los dos policías cambiaron bruscamente su objetivo y fueron tras el joven, Jhon corrió lo más rápido que pudo, esquivando a toda la muchedumbre del camino, habilidad que ganó con años de experiencia hurtando de los puestos y luego corriendo a toda velocidad, y en tan sólo unas cuadras, se metió por un angosto pasaje, un viejo truco y un escondite frecuente, y se escondió detrás de un bote de basura y se tapo con unos trapos cercanos a él, al llegar los dos policías no lograron olfatear ningún rastro del muchacho, y este, desde su escondite, logro divisar como uno de ellos hacia una mueca de disgusto al marcharse del lugar, Jhon había ganado otra vez.
Al cabo de unos minutos, el joven salio de
su escondite y se limpió lo mejor que pudo sus ropas, que no eran más que unos trapos
viejos que había obtenido de una anciana de buen corazón, que vivía al pie de
los montes, vestía como siempre, una vieja camisa unas cuantas tallas mas
grande, de un color grisáceo por el uso, acompañado de unos pantalones
pescadores tan viejos como la camisa, pero de un cuero muy resistente, que
nunca le había dado problema al muchacho, se acomodo la camisa, que se había
desarreglado por la corrida, había un charco cerca de él y pudo ver claramente
su figura, a pesar de no tener una alimentación balanceada, poseía una
complexión mayor al promedio, debía medir 1,66 tal vez, y su rostro era la
prueba de su vida, su cara era seca y serena, su nariz aguileña, su cabello era
de un color rojizo muy marcado, raro entre los Morianos, le llegaba hasta los
hombros, pero no se veía desarreglado, aunque si estaba muy sucio, sus cejas
eran negras, y sus ojos de un color verde intenso, con un brillo particular y
su boca pequeña y fina. Luego de sacudir sus ropas, el joven salio del callejón
con suma cautela, en caso de que los policías siguieran allí, pero al ver que
no había ninguno, salió de inmediato, despreocupadamente y siguió su camino por
el muelle, ya estaba casi en el final, y debido a la corrida no se había fijado
en el enorme monstruo de batalla al final del puerto, era un navío macizo, de
tres palos, de los cuales colgaban las velas, cerradas en ese momento, cosa
común en los navíos que arriban a un puerto, pero aun así la imagen del barco
era impresionante, sin duda era una fragata, y el joven Jhon quedo atónito
mirando a ese Golem de madera, usualmente ocupado por piratas y mercaderes, y
aunque el joven ya había visto muchas veces navíos de ese estilo, la propia
armada de Moria tenia increíbles fragatas como la famosa Marceline, navío crucial en la batalla naval de Mircka, hace unos
cincuenta años atrás, este le llamo la atención de una forma feroz, pensó en
todo lo que ese buque habría recorrido, las múltiples aventuras que sus
tripulantes han vivido, ¡eso! ,como un rayo de luz, llego a la mente de Jhon, deseo
de aventuras, era lo que quería, lo que le llamaba la atención del barco, el
navío era la representación sólida de lo que necesitaba : Aventuras, navegar
los mares del mundo en una nave como esa podría significar una travesía que lo
haría famoso y rico, quien sabe, podría incluso volver a Mircka como un hombre
millonario, miro al mar por unos instantes, si, ese vasto mar para él era un
sinfín de posibilidades que en la ciudad nunca tendría, incluso para ingresar
al ejercito de Moria ya era muy viejo, ya que los chicos suelen ingresar a los
13 años, para que su formación física sea moldeada por el ejercito de
inmediato, junto con su conducta, entonces el muchacho volvió la mirada a la
fragata y con decisión, optó por la opción que cambiaría su vida, el llamado
estaba hecho y la idea fija en su mente: seria por cualquier medio un
tripulante de ese barco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario