miércoles, 9 de enero de 2013

Historias de alta mar, capitulo 1



Las historias suelen empezar con un "había una vez" y suelen ser historias con un "vivieron felices por siempre", no hay nada más alejado de la realidad, bien pues, yo les contaré una historia de la realidad, la historia de un joven, abandonado a la suerte y el destino, si recuerdo bien su nombre era Jhon, pero su nombre no es tan relevante, como la historia detrás de él...” - así fue como el vivaz anciano empezó a relatar la regular historia que solía contar a cualquier chico que se lo pidiera, en este caso, a un grupo de pequeños que visitaba el puerto de la famosa ciudad de Antares, en el país de Moria, ciudad conocida por la cantidad de relatos sobre el tiempo antiguo y las recientes hazañas de los nuevos piratas y las leyendas de los viejos, en ese entonces el mundo era un lugar desconocido a miradas humanas, y sólo los espíritus valientes se aventuraban al vasto mar en busca de una gloriosa campaña que les diera fama y fortuna, así fue como las recientes naciones se distribuyeron el mundo, a fuerza de jóvenes que tuvieran el coraje para afrontar lo desconocido. Pues bien, el anciano empezó su relato y dijo a cada uno de los jóvenes que estuvieran atentos, pues esta historia había sucedido sólo hace unas décadas atrás, cuando los mares eran gobernados por la dictadura de Romlos, un país costero del sur con una gran fuerza militar, pero que nunca pudo frenar a los piratas ,que al unirse en contra de su reinado, terminó por acabar las ansias de poder de esa nación, cada joven se acomodó lo mejor que pudo en un rincón del puerto, algunos se sentaron sobre algunas cajas y barriles que habían cerca, y con gran interés oyeron las palabras del anciano, que a su propio estilo de pregonero, estimulaba el espíritu de cada unos de esos jóvenes.

    Era una calurosa tarde de primavera, y en la ciudad de Mircka ,en el país de Moria, conocida por ser un puerto conflictivo debido a los múltiples piratas que arriban a la ciudad, se preparaba el festival de la cosecha, y todos en el puerto preparaban sus mejores vestidos para el carnaval, las mujeres preparaban sus ornamentas, los niños alegres esperaban los fuegos artificiales y los hombres conseguir una cita perfecta a la luz de los mismos, pero todo esto no era más que un tema irrelevante para el joven Jhon, nacido de una madre desconocida y un padre perdido, se crío en las calles de la ciudad como un animal salvaje en una selva de adobe, muy conocido era en la ciudad que lo vio crecer, y tan solo a sus 16 años le precedía una fama de pillo y ladrón, y algunos altercados con la policía local, pero los pocos chicos y hombres que le conocieron más que sólo superficialmente podían ver en él un espíritu noble y un corazón bondadoso, claramente ,la fama que tenía y los altercados policiales no le molestaban a este joven, solía decir que la gente basaba sus opiniones sobre las personas sólo observando la sombra de ellas, tal como uno no lee un libro sólo por su portada, y caminaba por las calles despreocupadamente tal cual un rey por su reino, para Jhon la ciudad era su feudo, la ciudad le pertenecía como él a la ciudad, caminaba gustoso por las diferentes calles y avenidas donde siempre podías ver marineros en busca de algún recuerdo de la ciudad, o la oficina de correos para mandar un saludo a los familiares en tierra, también por los callejones y pequeños pasajes, que le han sido de mucha ayuda al muchacho en sus andanzas, donde también ha conocido jóvenes como él, pero nunca fue de grupo, así que no tenias muchas amistades en las calles, conocía bien el tipo de hombres que la calle formaba, y no deseaba tenerlos cerca. Mircka era en sí una ciudad separada en dos, la zona de la gente acaudalada estaba en los montes, mientras que la gente normal y de bajos recursos vivía en las planicies cerca del puerto, Jhon conocía perfectamente las planicies de la ciudad, pocas veces fue a la zona acaudalada, sólo recordaba vagas imágenes de un orfanato en los montes, del que se había fugado a los 8 años, y de un cementerio cerca del orfanato, no recordaba cuál era el motivo del por qué él estaba en el cementerio, pero es una imagen de su niñez que no podía olvidar, el resto de su vida fue el puerto, lugar donde daba vueltas buscando la comida del día.

    Jhon se dirigió al puerto, lugar que solía frecuentar en busca de comida, junto con las casa al pie de los montes, de recursos medios y donde la gente de buen corazón, si se podía llamar así, le daba las sobras o los alimentos a punto de caducar, y hasta ahora, no le había fallado nunca, y su estomago, a pesar de los alimentos que regularmente consumía, tampoco le había fallado, pero esta vez, en esa tarde de primavera, en el puerto le esperaba una sorpresa que cambiaría su existencia para siempre, algunos lo llamarían suerte, otros le llamarían destino.

   Caminaba sin preocupaciones por el puerto, la gente estaba aglomerada a esa hora allí, buscando los mejores peces para celebrar el festival, y mientras, Jhon pensaba que plato satisfará mejor su feroz apetito, había de diferentes tipos: Langostas, Almejas, Calamar, Sardinas, incluso tiburón. Mientras Jhon observaba los manjares de los puestos, dos pequeñuelos corrían y gritaban estrepitosamente por la calle, a simple vista una pareja de hermanos, golpeando y apartando a las personas que se opusieran en su camino, siendo Jhon uno de ellos, pero al toparse con los dos, pudo notar que los chicos iban huyendo de unos oficiales de policía que sólo estaban a unos metros de ellos y que a final de cuentas, serian atrapados, al darse cuenta, Jhon sintió compasión por los dos niños, eran pequeños, tenían estropajos puestos, como él a esa edad, lo más probable es que sean huérfanos, y Jhon conocía perfectamente a los policías de la ciudad y sus tratos crueles a los ladronzuelos, sin importar que tan jóvenes sean, por eso, y tomando un pequeño impulso, empujó a un policía cuando estuvo a su alcance, tirándolo al suelo, y grito fuerte al otro, que se detuvo al ver a su compañero en el piso, retándolo a que le atrapara, entonces los dos policías cambiaron bruscamente su objetivo y fueron tras el joven, Jhon corrió lo más rápido que pudo, esquivando a toda la muchedumbre del camino, habilidad que ganó con años de experiencia hurtando de los puestos y luego corriendo a toda velocidad, y en tan sólo unas cuadras, se metió por un angosto pasaje, un viejo truco y un escondite frecuente, y se escondió detrás de un bote de basura y se tapo con unos trapos cercanos a él, al llegar los dos policías no lograron olfatear ningún rastro del muchacho, y este, desde su escondite, logro divisar como uno de ellos hacia una mueca de disgusto al marcharse del lugar, Jhon había ganado otra vez.

    Al cabo de unos minutos, el joven salio de su escondite y se limpió lo mejor que pudo sus ropas, que no eran más que unos trapos viejos que había obtenido de una anciana de buen corazón, que vivía al pie de los montes, vestía como siempre, una vieja camisa unas cuantas tallas mas grande, de un color grisáceo por el uso, acompañado de unos pantalones pescadores tan viejos como la camisa, pero de un cuero muy resistente, que nunca le había dado problema al muchacho, se acomodo la camisa, que se había desarreglado por la corrida, había un charco cerca de él y pudo ver claramente su figura, a pesar de no tener una alimentación balanceada, poseía una complexión mayor al promedio, debía medir 1,66 tal vez, y su rostro era la prueba de su vida, su cara era seca y serena, su nariz aguileña, su cabello era de un color rojizo muy marcado, raro entre los Morianos, le llegaba hasta los hombros, pero no se veía desarreglado, aunque si estaba muy sucio, sus cejas eran negras, y sus ojos de un color verde intenso, con un brillo particular y su boca pequeña y fina. Luego de sacudir sus ropas, el joven salio del callejón con suma cautela, en caso de que los policías siguieran allí, pero al ver que no había ninguno, salió de inmediato, despreocupadamente y siguió su camino por el muelle, ya estaba casi en el final, y debido a la corrida no se había fijado en el enorme monstruo de batalla al final del puerto, era un navío macizo, de tres palos, de los cuales colgaban las velas, cerradas en ese momento, cosa común en los navíos que arriban a un puerto, pero aun así la imagen del barco era impresionante, sin duda era una fragata, y el joven Jhon quedo atónito mirando a ese Golem de madera, usualmente ocupado por piratas y mercaderes, y aunque el joven ya había visto muchas veces navíos de ese estilo, la propia armada de Moria tenia increíbles fragatas como la famosa Marceline, navío crucial en la batalla naval de Mircka, hace unos cincuenta años atrás, este le llamo la atención de una forma feroz, pensó en todo lo que ese buque habría recorrido, las múltiples aventuras que sus tripulantes han vivido, ¡eso! ,como un rayo de luz, llego a la mente de Jhon, deseo de aventuras, era lo que quería, lo que le llamaba la atención del barco, el navío era la representación sólida de lo que necesitaba : Aventuras, navegar los mares del mundo en una nave como esa podría significar una travesía que lo haría famoso y rico, quien sabe, podría incluso volver a Mircka como un hombre millonario, miro al mar por unos instantes, si, ese vasto mar para él era un sinfín de posibilidades que en la ciudad nunca tendría, incluso para ingresar al ejercito de Moria ya era muy viejo, ya que los chicos suelen ingresar a los 13 años, para que su formación física sea moldeada por el ejercito de inmediato, junto con su conducta, entonces el muchacho volvió la mirada a la fragata y con decisión, optó por la opción que cambiaría su vida, el llamado estaba hecho y la idea fija en su mente: seria por cualquier medio un tripulante de ese barco.

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