domingo, 15 de marzo de 2015

Hombre de Nieve



Hace un tiempo, en las villas del Norte de Alemania, en las montañas, existió un hombre de nieve, pero no era cualquier hombre de nieve, sino que era el último hombre de nieve, toda su especie había empezado a derretirse por una extraña razón que desconocía, hace algunos años, cuando era un niño en la primera infancia, ¡oh pobre hombre de nieve!, solo allí en las heladas montañas. Este pobre hombre estaba solo, pero no quería estarlo y  tenía miedo de seguir estando solo, completamente solo, quería bajar de las montañas para buscar alguien que quiera estar con él, para así ya no estar solo, pero los hombres de nieve no pueden nunca bajar de las montañas, porque su cuerpo es tan helado que congelan lo que tocan, y un día... el hombre de nieve bajo de las montañas porque no pudo aguantar estar solo, él no sabía que congelaba cosas, y cuando bajó, tocó un perro y lo convirtió en hielo entonces, preocupado pensó: "debe haber alguien que no se congele al tocarme" y viajó por el pueblo que estaba al pie de la montaña buscando a ese alguien, pero sin querer...¡en su camino congelaba más cosas!, un hombre llamado Franz, una mujer llamada Bertha, un gato con un collar que decía “Allen”, todos convertidos en hielo por ser tocados por el hombre de nieve, que se tornaba cada vez más triste y melancólico, el hombre de nieve llegó a la casa del herrero de la villa, que decían tenía un extraño ser encerrado en su caldera, y al verlo le preguntó: "¿Tú que conoces las cosas más ardientes, hay alguna que pueda hacerme compañía sin tocarme y congelarse?" a lo que el herrero respondió: "Es muy probable que el espíritu de mi caldera pueda hacerte compañía hombre, pero es mi fuente de trabajo, no puedo entregártelo así como así, tienes que darme algo a cambio", el hombre de nieve no tenía nada, con suerte se tenía a sí mismo, así que no podía hacer el trato con el herrero, y empezó a marcharse, viendo la melancolía del hombre de nieve al retirarse, el herrero se sintió triste por su destino, y le dijo:" espera hombre, comprendo tu cruel pesar, así que te permitiré ver al espíritu de mi caldera, pero solo esta vez, ninguna más", entonces el herrero hizo unos pequeños símbolos en la caldera y con chispas centelleantes y con un rojo incandescente salió de la caldera un espíritu antropomórfico con forma de mujer, que miró al hombre de nieve y al herrero y dijo:" ¿Para qué me necesitáis señor?" el herrero le contó el destino de este hombre de nieve, y el espíritu se acercó a verlo más de cerca, vio su mirada melancólica, a pesar de su cara alegre por ver a alguien que podría soportar su tacto, y se compadeció de él, ya que entendía su triste destino, entonces le dio un fuerte abrazo al hombre de nieve, y en efecto, no se congelo, el hombre y el herrero se asombraron, pero en especial el hombre, se sintió extremadamente feliz, por fin había conocido alguien que no era congelado por su tacto, y en su mirada ese semblante triste y melancólico desapareció, solo por un instante, fue realmente feliz, solo por un instante... y solo por un instante... el calor que desprendía el espíritu no solo le impedía congelarse, sino que derritió al hombre de nieve en un momento, y en la casa del herrero quedó una marca de agua en el suelo, que parecía semejarse al rostro de un hombre feliz.

miércoles, 1 de mayo de 2013

el origen (inglés)


Long time ago
when the darness comes
a powerful shine brights upon
and men see the world
Creatures and men lived together
when the world was in peace
but then comes the death
a death never seen
War and destruction
chaos,fear and terror
what comes tomorrow?
that was men`s sorrow
The creatures hide in forests
seas and mountains although
nevermore you can see them
they always die alone
Long time ago
men and creatures lived together
a story never told before
a story of a part of us

Santiago100p (cuentos cortos)



"Aquí estaba, era tarde, esperando, ¿qué?, no sé, sólo esperaba, sentado en un banquillo, contemplando el entorno, las manchas de tinta incipientes, brotando de pequeños espacios de tierra, luchando por convertirse en hermosas pinturas sumi-e. Y las estrellas amarillas, pequeñas, débiles, desprendían una luz tenue, pero que iluminaban como luciérnagas el lugar, noté algunas viejas: titilaban constantemente. Y los gigantes, en todas partes, con miles de ojos, la mayoría cerrados a esta hora, aunque algunos hacían el esfuerzo por abrirse, lo lograban, y se cerraban al rato, sí, esa calle, era una calle común de Santiago."


"Era temprano, alrededor de las 7, él tenia que irse, era una despedida rápida, él la quería mucho, gastaba mucho tiempo de su fin de semana juntos, tenía un sinfín de momentos felices y mágicos con ella, la contemplo otro instante, se acercó, ya listo para partir, y se abalanzó un instante sobre ella, la abrazaba como podía, un poco triste, pero él sabia que era necesario, tenía que partir, se alejó de ella lentamente, ya era hora, y no había tiempo para llorar, después de todo, uno siempre debe decirle adiós a su cama al ir a trabajar."


"Son las 8 a.m y nuestro héroe se traslada a su trabajo en el metro, parado frente a la puerta veía su reflejo y el de los demás, los odiaba a todos, ya que todos eran unos borregos desalmados y de expresión indiferente, nuestro héroe los miraba con rencor, preguntándose:”¿por qué vivían aquellos borregos?, ¿por qué no los quemaba con un lanzallamas?, al avanzar el tren nuestro héroe veía su reflejo y el de los demás, y se daba cuenta que su odio era con él mismo, por no poder salvarse, por no ser más que otro simple borrego."

viernes, 29 de marzo de 2013

Vuelta a casa

Era hora, creo, el día había llegado, y después de unos cuantos años, volvería a la casa en la que nací y me críe, tomé un bus con dirección al pueblo en donde vivía, unas cuantas horas desde la ciudad, bajé en la estación y caminé por la plaza, luego me dirigí entonces a la calle donde estaba la derruida casa Darson, podía sentir los ojos de personas desconocidas mirando hacia mí, hace años que no volvía allí, era normal que no me recordaran ni aunque fuera un poco, esa imagen del niño que jugó ahí desapareció hace mucho. Me acerqué a la casa, estaba totalmente en ruinas, el paso de los años habían calado hondo en su madera de alerce, en sus puertas de pino y en el pizarreño de quién sabe cuantos años, no fue necesario ninguna llave, sólo bastó con tocar la puerta para que esta cayera con un sonido sordo al piso, me decepcionó en parte que la casa no tuviera tanto polvo como esperaba, me gusta que mis expectativas sean correctas, me quedé quieto por unos momentos observando los bichos y las ratas que escapaban de la luz que provenía desde mi espalda, luego las olvidé como hacia con todas las cosas, y caminé hacia el comedor, el lúgubre escenario me cautivaba, hace unos años este lugar estaba ordenado, limpio y armonioso, ahora estaba incluso como lo dejé la ultima vez, las paredes seguían del mismo color, aunque más grisáceas por el tiempo, toqué con mis dedos la mesa del comedor, la madera estaba putrefacta, los bichos habían borrado toda su majestuosidad anterior, de tiempos pasados, sonreí al pensar en los momentos en que esa mesa me había ayudado en grandes trabajos, los mejores de mi vida, debo decir, ya se estaba haciendo tarde, y me quedaba poco tiempo, paré las sillas que estaban en el suelo, me dirigí al umbral que separaba el comedor de la cocina y desde allí miré nuevamente el comedor, era la ultima vez que vería mi lugar de trabajo.
    Sólo polvo y nieblas difusas quedaban en esa casa, que hace mucho tiempo fuera mi hogar, en las que podía pasar horas sin necesitar algo, y ahora, a sólo unos minutos de haber entrado, me producían escalofríos y estertores que pocas veces había sentido, seguí el camino hacia la cocina, ¡oh que cruel puede ser el tiempo para los objetos materiales¡, estaba mucho peor que el comedor, y a diferencia del ultimo, el hedor que de seguro era de las ratas que hicieron de la casa su morada se notaba de sobremanera, no pase demasiado tiempo ahí, esquivé lo mejor que pude los escombros y las heces de las ratas y avancé hacia el pasillo para ir a las escaleras, no quedaba mucho tiempo, y quería revisar la casa en su totalidad antes de irme, era prioridad revisar toda la casa. Me acerqué a la escalera y toqué la madera del barandal, acaricié su putrefacta madera, y para mí fue igual a la madera de hace años, esa madera que usaba para deslizarme al primer piso, recordando esos buenos moment
os de hace mucho tiempo, subí la escalera con cuidado de no caer, y en el segundo piso revisé todas las piezas, creo  que a esta altura es necesario decir que sólo por una razón fui a mi antigua casa, una sola razón era la causa de ese viaje, estaba buscando algo, un juguete, sonará estúpido, pero esa era la verdad, era un juguete muy especial, porque lo usé toda mi vida, revisé en la pieza de mi madre, en la de mi hermano mayor, pero nada, hacia tanto que no estaba en esa casa que olvidé los escondites de mis cosas, finalmente, llegué al baño, y ¡sí¡ ¡ahí estaba, el objeto que andaba buscando¡,  lo guardé en mi bolsillo y me dirigí al sótano, el ultimo lugar de la casa, y el más importante de toda ella.
Cuando llegue a la puerta del sótano, la oscuridad que emanaba me llamó de inmediato, bajé sin dudar ni un segundo, como siempre, seguía teniendo ese poder en mí, al llegar al sótano no había nada que pudiera observar con tranquilidad, no podía ver nada, sólo distinguir algunas siluetas, entre ellas, la mesa con mis hermosos cuchillos, me gustaba jugar con cuchillos y navajas, que creo eran de mi padre desaparecido, las usaba con prolijidad y, al pasar los años, me hice un experto en el arte de cortar, especialmente me gustaba usarlos para cortar carne, la sensación al cortar la suave piel y el músculo son para mí, incluso ahora, un placer exquisito, pero bueno, después de este vago recuerdo, y saboreando todavía los últimos momentos de la contemplación de mi carnicería personal, volví sobre mis pasos para ir a lo que alguna vez fue mi habitación, todo estaba totalmente deteriorado, pero todavía esa madera podrida tenia la forma de la que fue mi cama, mi armario, mi butaca, absolutamente todo tenía su forma, pero el padre tiempo lo había dejado inutilizable, no hay mucho que describir de mi cuarto, excepto por el placer que tuve hace años cuando usé las mismas navajas, los mismos cuchillos, en cortar cosa que pudiera encontrar. Finalmente, fui al sótano nuevamente, llamado por pequeñas voces en mi cabeza, me decían que esta era la ultima parada, quedaba muy poco tiempo, bajé por la débil escalera, y mire todo el lugar otra vez, mis ojos habían captado mejor las formas ahora, la humedad en este lugar era mucho mayor que en el resto de la casa, no lo había notado la primera vez que bajé, y el putrefacto olor de la madera por un momento me hizo recordar, recordaba los buenos momentos que tuve en esa casa, momentos que para mí eran de una enorme felicidad, cuando jugaba traviesamente con las navajas y cuchillos, cortando carne, la dulce y suave carne, sonreía al pensar en esto,¡que hermoso placer y exquisito éxtasis era cortar carne!, quería volver a cortar, usar otra vez mis navajas y cuchillos, ¡usar mis juguetes nuevamente¡ ¡había ido a esa casa sólo para usar nuevamente mis juguetes! pero ya no podía cortar más, era un privilegio ya quitado, desde el momento en que deje que esa mujer me encandilara con sus débiles lamentos y estridentes pedidos, ella no quería morir, y yo no quería matarla, pero quería seguir cortando, quería seguir jugando con mis navajas, sólo quería seguir cortando con mis preciados juguetes.
    Ya no me queda mucho tiempo, este era mi ultimo deseo, y creo que lo ocupé bien, recordando mis hermosa carnicería, el éxtasis de cortar hasta el ultimo filamento de un cuerpo humano, de recoger mi preciado juguete, guardado con cautela antes de ser encarcelado y examinado por la sociedad como un animal sanguinario e insaciable, el exquisito olor de la sangre en mi antigua casa, impregnado en todas las paredes, y potenciado por los años, ese exquisito olor a sangre, el mismo exquisito olor a sangre que tendrá la plaza mañana, el mismo exquisito olor que tendrá la navaja, una navaja más grande que las mías, la navaja de la sociedad que me juzga como un animal, no puedo sino reír histérico ante este pensamiento, ese hermoso e intrincado pensamiento, seré la ultima victima de la gran navaja, que hermoso ¡que hermoso! , no puedo esperar a que sea mañana.

sábado, 16 de marzo de 2013

Historias de alta mar, capitulo 2



El joven Jhon caminó con paso firme hacia el final del muelle, y a cada paso podía ver que tan magnifica era la fragata frente a sus ojos, cada detalle, cada tabla y cada centímetro del barco, cuando ya estuvo a cierta distancia, pudo ver a un montón de hombres corpulentos, estaban cargando el barco con diferentes especias, lo más común en un puerto: abastecerse, todos los hombres que pudo observar el muchacho tenían una pinta de no ser la mejor calaña, lo que hizo pensar a Jhon que eran piratas, aunque la bandera negra no estaba izada al final del mástil principal, había de todo, hombres fornidos de aspecto arisco, algunos de cuerpo menos trabajado, pero con una mirada intensa y despierta, algunos hombres jóvenes, como él, no, quizás un poco mayores, otros más ancianos, no parecía haber una raza en particular, eran hombres de todos los confines del orbe. Jhon miró la escena cerca de un puesto de especias, que parecían ser del este, y el dueño, un avejentado hombre de pequeña estatura, le habló cortésmente sacándolo de sus apreciaciones:
- Interesante, ¿no muchacho? - dijo el anciano.
- sí que lo es, señor, ¿Ud. sabe quienes son? – preguntó Jhon.
- la verdad no, soy relativamente nuevo en esta ciudad, traigo especias del este, como puedes ver – dijo con una sonrisa – pero, al parecer son piratas, no esta su bandera izada, y es normal en los piratas listos, sólo unos idiotas arribarían a un puerto con un ejercito como el de Moria siendo abiertamente declarados piratas. - dijo el viejo.
- sí, es cierto, ¿creen que acepten tripulantes? - preguntó ingenuamente Jhon al sonriente viejo.
- pues no lo sé, joven, pero - siguió el anciano - la esperanza es como el ocaso, es lo ultimo que desaparece en el día, no pierdes nada con intentar, los jóvenes deben vivir sus vidas intentando cumplir sus sueños.
    Al decir estas ultimas palabras, el anciano pareció tener un semblante más joven y vivo, que finalmente se apago en las arrugas de su rostro, se despidió del muchacho y desapareció tras una cortina detrás de su puesto de especias. Jhon miró unos minutos el local del anciano, sintió en él que el anciano demostraba más que sólo un viejo comerciante del este, o tenía un triste pasado con el mar, sus últimas palabras todavía resonaban en su mente, nunca pierdas la esperanza. Finalmente y después de reflexionar el mejor modo para hacerlo, caminó con paso firme hacia la fragata, mientras lo hacia, algunos de los hombres que cargaban el barco detuvieron sólo un momento sus tareas para ver al chico, era un animal raro, e intentaban olfatear en él alguna señal ,por más mínima que sea, de algo ofensivo, y Jhon mientras avanzaba podía sentir a sus espaldas los murmullos de los hombres como miles de ojos que observan y juzgan todas tus acciones, como miles de cuchillos que sólo buscan alguna excusa para caer en tu cuerpo.
   
    Cuando llegó casi al final del muelle donde estaba el navío, se encontró con un hombre robusto, aunque a diferencia de los otros hombres, se veía delgado, de unos 30 años, no, quizás 38, de 1,70m aproximadamente, de aspecto tosco, su cara era más bien alargada y chupada, tenia el pelo lacio y largo, arreglado en una cola de caballo, de un negro extremadamente opaco, un negro igual que sus maliciosos ojos, tenia una nariz aguileña, y boca gruesa, ese hombre sin duda alguna no parecía ser de las mejores personas que te puedas encontrar, producía en Jhon una sensación de repulsión, pero no por su apariencia, sino por el aura que desprendía, un aura parecida a la que  producían los chicos vagabundos que conoció en las calles, pero amplificada significativamente, estaba ordenando el abastecimiento del barco, tenia un cargo importante en el navío, el joven lo notó por la ropa que ocupaba, era de mejor calidad que la de los otros hombres que cargaban el barco, era un abrigo negro, que tapaba casi toda su figura, pero estaba abierto, así que Jhon pudo ver la camisa grisácea que llevaba puesta, junto con una pañoleta negra al cuello, usaba un cinturón de una buena calidad, que pasaba alrededor de unos pantalones de cuero que terminaban en sus extraños zapatos, se veían como zapatos comunes, pero era un tipo de zapato que Jhon nunca había visto, cuando estuvo de frente a ese hombre recién él detuvo sus labores de mando, miro al joven con esos maliciosos ojos, Jhon pudo sentir como examinaba todo su ser, y como esos ojos pasaban a través de él como miles de agudas y finas agujas, finalmente tomó valor enfrente de ese hombre, que significaba la primera barrera que debía pasar, con esfuerzo miró a los oscuros ojos de ese hombre y le dijo:
- quisiera hablar con el capitán - habló Jhon con un tono fuerte, pero a la vez sereno.
- y se puede saber quien eres tú, chicuelo -dijo irónicamente el hombre.
-  mi nombre es Jhon Sr., y quisiera unirme a la tripulación - dijo el muchacho, siendo totalmente honesto, y en parte porque quería terminar rápidamente la conversación con ese hombre.
- ¿unirte tú a la tripulación? - después de decir estas palabras, el corpulento hombre soltó una ruidosa carcajada mientras ponía sus manos en su torso, se reía a carcajadas estrepitosamente, en eso los hombres decidieron definitivamente parar sus labores para ver que era tan gracioso en ese encuentro que hizo reír al hombre de pelo negro.
- se puede saber que es tan gracioso Sr. - dijo Jhon, ahora su tono ya no era sereno, estaba realmente molesto, sentía unas enormes ganas de darle un puñetazo a ese hombre, pero sabia que hacerlo era realmente estúpido, en eso el hombre pareció dejar de reír, y miró a Jhon con esos ojos oscuros que tanto despreciaba el joven, y le dijo secamente.
- ¿sabes realmente quienes somos chico?, no somos honrados mercaderes, ni personas en las que los hombres puedan confiar, somos piratas, nuestro trabajo es saquear y robar, y odio ese tono en el que me dices señor, soy el contramaestre de este navío, y mi nombre es Aldee Levi, recuérdalo chico, y es una pena, pero el capitán no acepta tripulantes, la tripulación ha estado igual desde unos 2 años, por favor, no debería decirlo, pero como andas de igual forma los policías no te creerán, estas frente a la tripulación del “Ladrón Carmesí”, nuestro código es “no nuevos, robar es vida, morir es normal” ,ahora vete, interrumpes mi trabajo, y eso ya es algo que me molesta, largo de aquí, no somos una guardería, chico - al decir la ultima palabra, el tono burlesco del contramaestre Levi irritó a Jhon de una forma en la que nunca había sentido, ese hombre frente a él sólo se estaba burlando de su forma de vida, y lo insultó de una forma más hiriente que los policías de la ciudad, las ganas de golpearlo eran tremendas, pero desistió de hacerlo, golpearlo ahora era poner fin al sueño, recordó las palabras del anciano, nunca pierdas la esperanza, miró una ultima vez al contramaestre Levi con una mirada que él leyó inmediatamente, tal vez no lo había golpeado, pero su mirada representaba una furia enorme, el maestre hizo un gesto con la mano, incitándolo a que se fuera, Jhon dio media vuelta y camino por el mismo camino ,los hombres que habían vuelto a su labor de cargar el barco lo miraron sólo unos instantes, y se sorprendieron de una cosa, al parecer había visto muchas veces esta escena y les llamo la atención una acción de Jhon, la mirada seguía puesta al frente, y sus fuertes ojos verdes miraban al horizonte, había sido humillado por ese hombre, pero no había roto su espíritu, y eso era lo que lo mantenía en pie, los hombres leyeron la mirada del muchacho e hicieron un gesto de felicidad, vieron en él lo que el contramaestre Levi no vio: una fuerza de voluntad incorruptible, luego siguieron cargando el barco, Jhon ya no estaba al alcance de Levi, que siguió sus faenas con total naturalidad, olvidando el hecho casi de forma inmediata, terminaron la carga y entonces hizo una señal al barco, y entre las vagas siluetas que se pudieran observar ,ya que el ocaso estaba cerca, se vio una silueta imponente en cubierta, una silueta que parecía mirar al horizonte.

    Ya empezaba a caer la noche, y con la oscuridad del día, Jhon parecía un poco deprimido, no podría ser jamás un tripulante del “Ladrón Carmesí”, según el contramaestre Levi, pero sentía que no debía dejarse vencer, su espíritu le llamaba a combatir, debía pensar una forma de ser un tripulante, tenía que hacer algo que lo demostrase digno para estar a bordo, caminaba por la ciudad pensando en algún plan, no fijaba bien su rumbo, y sin darse cuenta, estaba en los montes, específicamente en el orfanato, no lo entendía, inconscientemente llego ahí, no importaba, lo vio detenidamente, el tiempo sin duda no pasa en vano, la construcción parecía mucho más deteriorada de cómo la recordaba, al parecer no han tenido fondos para repararla, el edificio en sí se estaba cayendo a pedazos, camino un poco alrededor del lugar, no quería entrar, pero tampoco tenía las ganas de irse, en eso un hombre mayor salió del orfanato, llevaba una túnica de la religión de Ruzl, no recordaba a ese hombre, entonces este le dijo que pasara, a lo que Jhon no quiso acceder, simplemente se quedó en su lugar, el hombre salió a la calle y le habló:
- pareces afligido hijo, lo veo en tu cara, y mira, estás muy sucio, deberías pasar y tomar un baño.
- lo siento, pero no quiero nada más de este lugar, hace mucho que no tengo relación con él - dijo Jhon en un tono seco, sin querer había liberado un poco de su ira contra ese hombre.
- ya veo, estás enfadado, pero cuéntame que sucede hijo - dijo el hombre siempre en su tono amable - quizás pueda ayudarte, ¿por qué mejor no nos sentamos ahí? - sugirió el hombre, en eso Jhon y el hombre se sentaron en un espacio de concreto al lado del edificio.
- no creo que pueda, pero es simple, quiero unirme a una tripulación de un barco en el puerto, pero no aceptan nuevos tripulantes.
- así que es eso - dijo el hombre, parecía pensativo, entonces habló - a veces hijo, una negación es sólo por temor a lo nuevo, puede ser que no quieran nuevos tripulantes por temor a llegar a quererlos, o simplemente por no querer cambiar las cosas, de cualquier forma, con perseverancia, uno puede alcanzar cualquier meta que te propongas, te recuerdo, tal vez tú no a mi, era joven todavía y recién llegaba aquí, tu eres ese muchacho que se fue a los 8 años - dijo el hombre, Jhon lo miró unos segundos, no lo recordaba, pero de cerca, algo en él le pareció familiar.
-sí, pero, ¿qué tiene que ver al tema? - dijo Jhon, ahora más sereno.
- pues todavía te recuerdo porque desde pequeño siempre vi que nunca te rendías, te fuiste sólo al año de que yo llegara aquí, pero desde mi puesto podía ver a los chicos en el patio, ayudabas a los más pequeños de los abusones, y siempre intentabas ser el mejor en lo que hacías, sin duda eras algo especial de ver en un orfanato, donde los chicos suelen terminar siendo delincuentes, tú eres especial, no te rindas ahora, tal vez el hombre al que solicitaste ser parte de la tripulación no vio bien en ti, todavía hay esperanza chico, desde aquí veo un navío en el puerto, tal vez lo alcanzarás si partes ahora - con esta ultima frase, el hombre sonrío viendo al mar, Jhon entendió el mensaje, todavía hay esperanza, no pudo evitar recordar al anciano del puesto de especias, miró fijo hacia el frente, se levantó del banco y comenzó a correr hacia el puerto, avanzó un poco y miró atrás para agradecer al hombre del orfanato, pero ya no había nadie.

    Jhon corrió a toda prisa hacia el puerto y sus pasos se confundían con los de todas las personas en las planicies, el festival había comenzado, no se había dado cuenta pero estaba hambriento, no había comido nada ese día, pero no importaba, todavía hay esperanza, repetía una y otra vez en su cabeza, todavía hay esperanza, esquivó a toda persona que se cruzara en el camino, debía llegar al puerto antes que el barco zarpara, demoro más de lo planeado, las calles e incluso el puerto estaba infestados de gente festejando el festival, logró llegar donde estaba el navío, y ¡sí¡ ,todavía estaba ahí, Jhon corrió hacia el barco, esta vez no se dejaría vencer, pasaría sobre el mismo contramaestre y llegaría frente a frente hasta el capitán ,le demostraría que era digno de ser un hombre a bordo del Ladrón Carmesí. Llegó al mismo punto donde habló con el contramaestre, había un bullicio enorme a bordo, al parecer también estaban festejando, se preguntaba como subir al barco, recordó que los hombres estaban subiendo los barriles a través de cuerdas, así que empezó a buscar una, y ¡sí!, la suerte estaba de su lado, había una cuerda casi al final de donde podía llegar, tal vez con un salto la podría alcanzar, Jhon tomó un pequeño impulso y alcanzó la cuerda con facilidad, luego empezó a trepar y casi llegó al tope, alzó la mirada para poder ver, los hombres estaban de fiesta y había un montón enorme de alcohol y unos músicos tocando una tonada rápida y bailable, Jhon notó que la cuerda estaba cerca de unas cajas, mallas de pesca y algunos barriles, con sigilo siguió trepando y dio un pequeño salto hacia el barco, sonó extremadamente fuerte, pero otra vez la suerte estuvo de su lado, habían lanzado los fuegos artificiales antes de lo previsto, y ahora alumbraban el cielo ,antes oscuro y ahora lleno de colores, el sonido de los fuegos captó la atención de los hombres a bordo así que Jhon pudo esconderse tranquilo entre las mallas y cajas, sólo debía esperar un poco y presentarse frente al capitán.

    Habían pasado las horas, y la fiesta ya había terminado, debió ser medianoche, y todo estaba en la más absoluta calma, sólo se escuchaba el vaivén de las olas, Jhon salió de su escondite sigilosamente, ya estaba a bordo del barco, pero todavía no zarpaban, así que fácilmente podrían tirarlo abajo del barco y después marcharse, la luna brillaba radiante en el inmenso cielo, y Jhon la miró unos instantes, luego dio unos pasos, debía encontrar el cuarto del capitán y hablar con él directamente, no era la mejor forma, pero era la única opción que pudo pensar, ahora era el momento de mostrarse digno de ser tripulante, dio unos pasos, y se quedó parado, no movió ni un músculo, “soy un idiota”, pensó Jhon, alguien lo había atrapado, y en esa ahora silenciosa noche, Jhon sintió el arma en su nuca, el frío del acero de la pistola, miró al frente y al cabo de unos minutos una voz se dejo oír:
- vaya vaya, chico, eres muy valiente al subir a este barco, estas parado en el “Crimson Thief”, el Ladrón Carmesí, y no es un barco que acepte tripulantes ni es muy amigable con los polizontes…sabes que creo, creo que quieres morir chico, dime,¿Quieres morir? -en eso la voz se detuvo un momento, la pistola hizo un chasquido, preparaba el disparo, entonces la voz dijo:
-no, más bien mi pregunta es esta chico, respóndeme ¿Temes morir?

jueves, 24 de enero de 2013

Otro lado


 Dicen las personas contienen otro lado oscuro y desconocido, y nunca he pensado lo contrario, pero, ¿cómo puede esa faceta nuestra mantenerse escondida sin que nosotros no la percibamos?, fue una de las dudas más grandes que he tenido, y hasta el día de hoy pienso que es la más difícil de contestar, bien, ahora que sólo me quedan unas horas de vida, puedo dar mi testimonio. Como hombre, y por tanto, curioso, me dí a la búsqueda de la respuesta a esta interrogante, estudiaba antropología por el mismo afán de encontrar una respuesta a la existencia humana y sus facetas. En cuanto a mí mentalmente, era un joven enfermizo, un poco introvertido,  pero que  dentro de todo era común y corriente, no tengo grandes historias de amor que contar, al menos ninguna que incumba a el relato de esta historia, historia que comenzó cuando conocí a Claudia.
     Era un frío atardecer de un día de Octubre, caminaba por la calle después de ir a comprar al mercado, la calle estaba casi vacía, por un carnaval en un pueblo cercano, y entonces la vi, caminaba en dirección contraria, una chica de mi edad, o tal vez mayor, de un largo pelo negro, y ojos del mismo color de un brillo increíble, menuda, y de altura promedio, mentiría si dijera que no quede embobado viendo como pasaba cerca mío, y el azar terminó por dejarnos hablando de diferentes temas en un café cerca de mi casa, como llegamos a ese punto, sinceramente no lo recuerdo, pero al pasar los meses terminamos necesitándonos el uno al otro, de una forma increíblemente acelerada, nos mudamos a mi casa casi tan rápido como nos conocimos y nos complementamos, al parecer estaba “enamorado”, no lo sé, debió ser así, ya que no podía definir lo que me llevaba a necesitar a Claudia a mi lado, pero en lo que no tenia duda la necesitaba en mi vida.
     Una mañana, trabajaba en mi proyecto de existencia humana, estaba ya cerca de presentar mis conclusiones a una comunidad y publicarlas, ocurrió un accidente un poco detestable, había encontrado la supuesta “esencia de las almas”, por un proceso de autohipnosis, vagando en mi propio ser como sujeto de estudio, tuve problemas con la sincronización cuerpo-alma, tal vez por forzar tan seguido mi cuerpo al experimento, mi cuerpo colapsó, y por lo que pude investigar al despertar, estuve inconsciente por una semana, para ser optimistas, Claudia me encontró tirado en el sótano de la casa, y el cuarto en sí estaba hecho un desastre. Pasó otra semana para poder salir del hospital, después de algunas pruebas para ver mi estado mental, y que no tuviera alguna secuela del accidente, que para todos, excepto yo, era inexplicable.
    Después de un año de estar con Claudia a mi lado, y de unos ocho meses desde el accidente con el estudio de la existencia humana, empecé a dudar de mis propios sentimientos, no sabía exactamente mi camino con ella, mi vida con ella, no podía proyectar nuestro mundo a un futuro, ni incluso el más cercano, no sé que pudo haber pasado, para ese momento no pensaba en ninguna posible secuela del accidente, pero ya no tenía los mismos pensamientos, algo en mi había cambiado, y no conocía su origen exacto, y menos lo que podría provocar ese cambio en mí. Pasaban las semanas, y cada pensamiento en mí se olvidaba y sustituía por otro cada vez peor, estaba asustado, y Claudia notaba ese cambio paulatino en mí, o era eso lo que parecía, su semblante, al igual que el mío, había cambiado, de forma lenta, inexplicable, o más bien, con una causa que mi mente no podía comprender en ese momento, ya no era la misma, parecíase que le había contagiado mi “enfermedad”. Eventualmente, las peleas entre nosotros dos se fueron dando, una cada tres meses, después dos cada mes, dos o más cada quincena, cada semana, todos los días, se volvió rutina, por cosas insignificantes, superfluas, Claudia me escrutaba cada vez que podía, el cuidado de la casa, de las mascotas, que no me preocupaba lo suficiente por ella, que todo lo que hacia era pasar en el sótano “durmiendo”, le explique en ese momento, gritando de cólera, que lo que ella llamada “dormir”, era el arte del hipnotismo, y que gracias a todas esas horas “durmiendo”, es que mi estudio antropológico sería conocido en el mundo entero, y no tendríamos que preocuparnos por nada por el resto de nuestras vidas, después de gritarle esas palabras, salí de la casa dejando tras de mí un estridente portazo y después, silencio. Cuando volví, pasada unas horas, la casa seguía con ese pesado ambiente que quedaba siempre de una pelea, pero esta vez, había algo diferente, muy sutil, revoloteando por el aire, me parecía un poco familiar, pero de igual forma era identificable, me erizó la piel unos momentos, pero me acostumbré después de unos minutos, bajé al sótano, y, ¡lo que vi ahí me congeló por  completo!, ¡Claudia, Claudia! , ¡¿Por qué demonios estaba Claudia usando mi sistema de autohipnosis?! , estaba ahí sentada, pero no era igual a mis grabaciones en las que yo me sometía al procedimiento, de ella se irradiaba algo, que no conocía muy bien, pero que agudizaba todos mis sentidos, tal como un animal siente el peligro, esto era muy diferente a mi experimento normal, tenía miedo, estaba petrificado, sentía como toda esa energía inundaba el lugar, y me hacia sentir pequeño, muy pequeño, mis apreciaciones las detuvo la misma Claudia, que susurraba unas palabras, para mí indescifrables, no era español, ni otro lenguaje que conociera, pero al escuchar las primeras oraciones, me sentí mas asustado que antes, su tono de voz había cambiado, y entonces caí en la cuenta que ella aprendió a usar el sistema de autohipnosis por su propia cuenta, y en tan sólo unas horas, algo tenía que haber salido mal, era obvio, yo mismo me demoré meses en poder siquiera manejarlo solo y sin inconvenientes, era un principio básico, si el sistema no se ocupa de forma adecuada, los resultados varían mucho entre sí, mientras pensaba todo esto de la forma más rápida que mi mente asimilaba, Claudia seguía hablando en esa jerga extraña, pero ya no eran susurros, sino unos gritos desgarradores, después de salir del susto del primer grito, corrí hacia ella para intentar despertarla, era la única solución que mi mente pudo concebir, pero al tocarla me sentí levemente empujado por una fuerza superior, que me hizo volar hasta la entrada del sótano, perdí la fuerza por unos momentos, pero me volví a parar y corrí hacia ella, la toqué nuevamente, sentí que mi fuerza se iba, se me nublaba la vista, y me quede dormido.
    Desperté, pero no estaba en el sótano, parecía un cuarto de aspecto tosco, las paredes eran de concreto, y sólo había un pequeño lavamanos en un rincón, me levanté y me dirigí semidormido al lavamanos, entonces la reja atrás mío se abre: estaba en la cárcel, había matado a Claudia, y enterré su cadáver en el patio de mi casa. Me preguntaba qué demonios había pasado, no entendía absolutamente nada, qué historia era esa de que asesiné a Claudia, eso era falso, yo intenté ayudarla, estaba pensando en todo esto cuando un hombre alto y corpulento me dice que ya era hora de hablar, me llevó a un cuarto un poco más arreglado, con dos sillas y una mesa, nos sentamos, y el empezó a preguntar, intenté responderle, pero no había mucho que pudiera contar, entonces él alza la voz, con un tono de inmensa cólera:
“¿Acaso no lo entiendes?, tú lo hiciste, tú la mataste, tenemos notificado aquí tu extraño accidente en el sótano de tu casa, al parecer no tenias ninguna secuela, pero nunca más fuiste al doctor, a pesar que se te había dicho que debías ir después de tres meses, testigos afirman que tu conducta desde ese entonces había cambiado, te habías hecho más explosivo, y más violento, tenemos aquí todas las pruebas, resulta que tú y la victima ya no estaban bien en su relación, y después de una pelea, tu la estrangulaste, sin piedad, hasta morir, confiesa, no hay nada que puedas hacer, deja que tu alma descanse en paz, ¡confiesa¡ ”. Sus palabras me dejaron atónito, y después de digerirlas, totalmente aterrorizado, había desarrollado una doble personalidad, o parecía que había solapado toda esa furia y cólera usando un bloqueo mental, no recordaba nada de eso, no tenia recuerdos de mi “nuevo yo”, nada, me quedé petrificado, mientras el oficial seguía balbuceando, entonces una infinidad de imágenes vino a mí,  como si se hubiera liberado el cauce de un río, todo lo que mi mente había bloqueado aparentemente, vino de golpe, cada recuerdo, uno tras otro, fugaces y volátiles, vi todas las peleas nuevamente, pero  en cada una de ellas yo la golpeaba, luego, en la ultima pelea, vi como la estrangulaba, lentamente, y, en vez de asesinarla, la conduje al sótano, la até a la silla, y experimente con ella mi sistema de autohipnosis, salí unos minutos al patio, y cuando volví, simplemente la asesiné, así, sin más, para luego resbalar de forma estúpida en la escalera y golpearme la cabeza contra algo sólido y duro, todo me pareció rápido, y la cantidad de información recibida al parecer me produjo un colapso nervioso, porque me desmayé ahí mismo, lo entendía todo, sabía lo que había pasado, todo era cierto, todo era tan simple ahora, pero aun así, mi personalidad sigue siendo como si no existiera ese otro yo explosivo y violento, como si después de ese golpe en la pared hubiera desaparecido, quedándose dormido dentro de mí, para siempre, tal vez, o tal vez no, sólo sé una cosa que me mantiene lucido a unas horas de extinguirme, estaba en lo correcto, existe dentro de nosotros, un lado oscuro y cruel, la encarnación de todo lo que “es” nosotros sin ser nosotros, lo que no es humano, pero es parte de lo humano, nuestra cara oculta, nuestro otro lado.

miércoles, 9 de enero de 2013

Historias de alta mar, capitulo 1



Las historias suelen empezar con un "había una vez" y suelen ser historias con un "vivieron felices por siempre", no hay nada más alejado de la realidad, bien pues, yo les contaré una historia de la realidad, la historia de un joven, abandonado a la suerte y el destino, si recuerdo bien su nombre era Jhon, pero su nombre no es tan relevante, como la historia detrás de él...” - así fue como el vivaz anciano empezó a relatar la regular historia que solía contar a cualquier chico que se lo pidiera, en este caso, a un grupo de pequeños que visitaba el puerto de la famosa ciudad de Antares, en el país de Moria, ciudad conocida por la cantidad de relatos sobre el tiempo antiguo y las recientes hazañas de los nuevos piratas y las leyendas de los viejos, en ese entonces el mundo era un lugar desconocido a miradas humanas, y sólo los espíritus valientes se aventuraban al vasto mar en busca de una gloriosa campaña que les diera fama y fortuna, así fue como las recientes naciones se distribuyeron el mundo, a fuerza de jóvenes que tuvieran el coraje para afrontar lo desconocido. Pues bien, el anciano empezó su relato y dijo a cada uno de los jóvenes que estuvieran atentos, pues esta historia había sucedido sólo hace unas décadas atrás, cuando los mares eran gobernados por la dictadura de Romlos, un país costero del sur con una gran fuerza militar, pero que nunca pudo frenar a los piratas ,que al unirse en contra de su reinado, terminó por acabar las ansias de poder de esa nación, cada joven se acomodó lo mejor que pudo en un rincón del puerto, algunos se sentaron sobre algunas cajas y barriles que habían cerca, y con gran interés oyeron las palabras del anciano, que a su propio estilo de pregonero, estimulaba el espíritu de cada unos de esos jóvenes.

    Era una calurosa tarde de primavera, y en la ciudad de Mircka ,en el país de Moria, conocida por ser un puerto conflictivo debido a los múltiples piratas que arriban a la ciudad, se preparaba el festival de la cosecha, y todos en el puerto preparaban sus mejores vestidos para el carnaval, las mujeres preparaban sus ornamentas, los niños alegres esperaban los fuegos artificiales y los hombres conseguir una cita perfecta a la luz de los mismos, pero todo esto no era más que un tema irrelevante para el joven Jhon, nacido de una madre desconocida y un padre perdido, se crío en las calles de la ciudad como un animal salvaje en una selva de adobe, muy conocido era en la ciudad que lo vio crecer, y tan solo a sus 16 años le precedía una fama de pillo y ladrón, y algunos altercados con la policía local, pero los pocos chicos y hombres que le conocieron más que sólo superficialmente podían ver en él un espíritu noble y un corazón bondadoso, claramente ,la fama que tenía y los altercados policiales no le molestaban a este joven, solía decir que la gente basaba sus opiniones sobre las personas sólo observando la sombra de ellas, tal como uno no lee un libro sólo por su portada, y caminaba por las calles despreocupadamente tal cual un rey por su reino, para Jhon la ciudad era su feudo, la ciudad le pertenecía como él a la ciudad, caminaba gustoso por las diferentes calles y avenidas donde siempre podías ver marineros en busca de algún recuerdo de la ciudad, o la oficina de correos para mandar un saludo a los familiares en tierra, también por los callejones y pequeños pasajes, que le han sido de mucha ayuda al muchacho en sus andanzas, donde también ha conocido jóvenes como él, pero nunca fue de grupo, así que no tenias muchas amistades en las calles, conocía bien el tipo de hombres que la calle formaba, y no deseaba tenerlos cerca. Mircka era en sí una ciudad separada en dos, la zona de la gente acaudalada estaba en los montes, mientras que la gente normal y de bajos recursos vivía en las planicies cerca del puerto, Jhon conocía perfectamente las planicies de la ciudad, pocas veces fue a la zona acaudalada, sólo recordaba vagas imágenes de un orfanato en los montes, del que se había fugado a los 8 años, y de un cementerio cerca del orfanato, no recordaba cuál era el motivo del por qué él estaba en el cementerio, pero es una imagen de su niñez que no podía olvidar, el resto de su vida fue el puerto, lugar donde daba vueltas buscando la comida del día.

    Jhon se dirigió al puerto, lugar que solía frecuentar en busca de comida, junto con las casa al pie de los montes, de recursos medios y donde la gente de buen corazón, si se podía llamar así, le daba las sobras o los alimentos a punto de caducar, y hasta ahora, no le había fallado nunca, y su estomago, a pesar de los alimentos que regularmente consumía, tampoco le había fallado, pero esta vez, en esa tarde de primavera, en el puerto le esperaba una sorpresa que cambiaría su existencia para siempre, algunos lo llamarían suerte, otros le llamarían destino.

   Caminaba sin preocupaciones por el puerto, la gente estaba aglomerada a esa hora allí, buscando los mejores peces para celebrar el festival, y mientras, Jhon pensaba que plato satisfará mejor su feroz apetito, había de diferentes tipos: Langostas, Almejas, Calamar, Sardinas, incluso tiburón. Mientras Jhon observaba los manjares de los puestos, dos pequeñuelos corrían y gritaban estrepitosamente por la calle, a simple vista una pareja de hermanos, golpeando y apartando a las personas que se opusieran en su camino, siendo Jhon uno de ellos, pero al toparse con los dos, pudo notar que los chicos iban huyendo de unos oficiales de policía que sólo estaban a unos metros de ellos y que a final de cuentas, serian atrapados, al darse cuenta, Jhon sintió compasión por los dos niños, eran pequeños, tenían estropajos puestos, como él a esa edad, lo más probable es que sean huérfanos, y Jhon conocía perfectamente a los policías de la ciudad y sus tratos crueles a los ladronzuelos, sin importar que tan jóvenes sean, por eso, y tomando un pequeño impulso, empujó a un policía cuando estuvo a su alcance, tirándolo al suelo, y grito fuerte al otro, que se detuvo al ver a su compañero en el piso, retándolo a que le atrapara, entonces los dos policías cambiaron bruscamente su objetivo y fueron tras el joven, Jhon corrió lo más rápido que pudo, esquivando a toda la muchedumbre del camino, habilidad que ganó con años de experiencia hurtando de los puestos y luego corriendo a toda velocidad, y en tan sólo unas cuadras, se metió por un angosto pasaje, un viejo truco y un escondite frecuente, y se escondió detrás de un bote de basura y se tapo con unos trapos cercanos a él, al llegar los dos policías no lograron olfatear ningún rastro del muchacho, y este, desde su escondite, logro divisar como uno de ellos hacia una mueca de disgusto al marcharse del lugar, Jhon había ganado otra vez.

    Al cabo de unos minutos, el joven salio de su escondite y se limpió lo mejor que pudo sus ropas, que no eran más que unos trapos viejos que había obtenido de una anciana de buen corazón, que vivía al pie de los montes, vestía como siempre, una vieja camisa unas cuantas tallas mas grande, de un color grisáceo por el uso, acompañado de unos pantalones pescadores tan viejos como la camisa, pero de un cuero muy resistente, que nunca le había dado problema al muchacho, se acomodo la camisa, que se había desarreglado por la corrida, había un charco cerca de él y pudo ver claramente su figura, a pesar de no tener una alimentación balanceada, poseía una complexión mayor al promedio, debía medir 1,66 tal vez, y su rostro era la prueba de su vida, su cara era seca y serena, su nariz aguileña, su cabello era de un color rojizo muy marcado, raro entre los Morianos, le llegaba hasta los hombros, pero no se veía desarreglado, aunque si estaba muy sucio, sus cejas eran negras, y sus ojos de un color verde intenso, con un brillo particular y su boca pequeña y fina. Luego de sacudir sus ropas, el joven salio del callejón con suma cautela, en caso de que los policías siguieran allí, pero al ver que no había ninguno, salió de inmediato, despreocupadamente y siguió su camino por el muelle, ya estaba casi en el final, y debido a la corrida no se había fijado en el enorme monstruo de batalla al final del puerto, era un navío macizo, de tres palos, de los cuales colgaban las velas, cerradas en ese momento, cosa común en los navíos que arriban a un puerto, pero aun así la imagen del barco era impresionante, sin duda era una fragata, y el joven Jhon quedo atónito mirando a ese Golem de madera, usualmente ocupado por piratas y mercaderes, y aunque el joven ya había visto muchas veces navíos de ese estilo, la propia armada de Moria tenia increíbles fragatas como la famosa Marceline, navío crucial en la batalla naval de Mircka, hace unos cincuenta años atrás, este le llamo la atención de una forma feroz, pensó en todo lo que ese buque habría recorrido, las múltiples aventuras que sus tripulantes han vivido, ¡eso! ,como un rayo de luz, llego a la mente de Jhon, deseo de aventuras, era lo que quería, lo que le llamaba la atención del barco, el navío era la representación sólida de lo que necesitaba : Aventuras, navegar los mares del mundo en una nave como esa podría significar una travesía que lo haría famoso y rico, quien sabe, podría incluso volver a Mircka como un hombre millonario, miro al mar por unos instantes, si, ese vasto mar para él era un sinfín de posibilidades que en la ciudad nunca tendría, incluso para ingresar al ejercito de Moria ya era muy viejo, ya que los chicos suelen ingresar a los 13 años, para que su formación física sea moldeada por el ejercito de inmediato, junto con su conducta, entonces el muchacho volvió la mirada a la fragata y con decisión, optó por la opción que cambiaría su vida, el llamado estaba hecho y la idea fija en su mente: seria por cualquier medio un tripulante de ese barco.