sábado, 16 de marzo de 2013

Historias de alta mar, capitulo 2



El joven Jhon caminó con paso firme hacia el final del muelle, y a cada paso podía ver que tan magnifica era la fragata frente a sus ojos, cada detalle, cada tabla y cada centímetro del barco, cuando ya estuvo a cierta distancia, pudo ver a un montón de hombres corpulentos, estaban cargando el barco con diferentes especias, lo más común en un puerto: abastecerse, todos los hombres que pudo observar el muchacho tenían una pinta de no ser la mejor calaña, lo que hizo pensar a Jhon que eran piratas, aunque la bandera negra no estaba izada al final del mástil principal, había de todo, hombres fornidos de aspecto arisco, algunos de cuerpo menos trabajado, pero con una mirada intensa y despierta, algunos hombres jóvenes, como él, no, quizás un poco mayores, otros más ancianos, no parecía haber una raza en particular, eran hombres de todos los confines del orbe. Jhon miró la escena cerca de un puesto de especias, que parecían ser del este, y el dueño, un avejentado hombre de pequeña estatura, le habló cortésmente sacándolo de sus apreciaciones:
- Interesante, ¿no muchacho? - dijo el anciano.
- sí que lo es, señor, ¿Ud. sabe quienes son? – preguntó Jhon.
- la verdad no, soy relativamente nuevo en esta ciudad, traigo especias del este, como puedes ver – dijo con una sonrisa – pero, al parecer son piratas, no esta su bandera izada, y es normal en los piratas listos, sólo unos idiotas arribarían a un puerto con un ejercito como el de Moria siendo abiertamente declarados piratas. - dijo el viejo.
- sí, es cierto, ¿creen que acepten tripulantes? - preguntó ingenuamente Jhon al sonriente viejo.
- pues no lo sé, joven, pero - siguió el anciano - la esperanza es como el ocaso, es lo ultimo que desaparece en el día, no pierdes nada con intentar, los jóvenes deben vivir sus vidas intentando cumplir sus sueños.
    Al decir estas ultimas palabras, el anciano pareció tener un semblante más joven y vivo, que finalmente se apago en las arrugas de su rostro, se despidió del muchacho y desapareció tras una cortina detrás de su puesto de especias. Jhon miró unos minutos el local del anciano, sintió en él que el anciano demostraba más que sólo un viejo comerciante del este, o tenía un triste pasado con el mar, sus últimas palabras todavía resonaban en su mente, nunca pierdas la esperanza. Finalmente y después de reflexionar el mejor modo para hacerlo, caminó con paso firme hacia la fragata, mientras lo hacia, algunos de los hombres que cargaban el barco detuvieron sólo un momento sus tareas para ver al chico, era un animal raro, e intentaban olfatear en él alguna señal ,por más mínima que sea, de algo ofensivo, y Jhon mientras avanzaba podía sentir a sus espaldas los murmullos de los hombres como miles de ojos que observan y juzgan todas tus acciones, como miles de cuchillos que sólo buscan alguna excusa para caer en tu cuerpo.
   
    Cuando llegó casi al final del muelle donde estaba el navío, se encontró con un hombre robusto, aunque a diferencia de los otros hombres, se veía delgado, de unos 30 años, no, quizás 38, de 1,70m aproximadamente, de aspecto tosco, su cara era más bien alargada y chupada, tenia el pelo lacio y largo, arreglado en una cola de caballo, de un negro extremadamente opaco, un negro igual que sus maliciosos ojos, tenia una nariz aguileña, y boca gruesa, ese hombre sin duda alguna no parecía ser de las mejores personas que te puedas encontrar, producía en Jhon una sensación de repulsión, pero no por su apariencia, sino por el aura que desprendía, un aura parecida a la que  producían los chicos vagabundos que conoció en las calles, pero amplificada significativamente, estaba ordenando el abastecimiento del barco, tenia un cargo importante en el navío, el joven lo notó por la ropa que ocupaba, era de mejor calidad que la de los otros hombres que cargaban el barco, era un abrigo negro, que tapaba casi toda su figura, pero estaba abierto, así que Jhon pudo ver la camisa grisácea que llevaba puesta, junto con una pañoleta negra al cuello, usaba un cinturón de una buena calidad, que pasaba alrededor de unos pantalones de cuero que terminaban en sus extraños zapatos, se veían como zapatos comunes, pero era un tipo de zapato que Jhon nunca había visto, cuando estuvo de frente a ese hombre recién él detuvo sus labores de mando, miro al joven con esos maliciosos ojos, Jhon pudo sentir como examinaba todo su ser, y como esos ojos pasaban a través de él como miles de agudas y finas agujas, finalmente tomó valor enfrente de ese hombre, que significaba la primera barrera que debía pasar, con esfuerzo miró a los oscuros ojos de ese hombre y le dijo:
- quisiera hablar con el capitán - habló Jhon con un tono fuerte, pero a la vez sereno.
- y se puede saber quien eres tú, chicuelo -dijo irónicamente el hombre.
-  mi nombre es Jhon Sr., y quisiera unirme a la tripulación - dijo el muchacho, siendo totalmente honesto, y en parte porque quería terminar rápidamente la conversación con ese hombre.
- ¿unirte tú a la tripulación? - después de decir estas palabras, el corpulento hombre soltó una ruidosa carcajada mientras ponía sus manos en su torso, se reía a carcajadas estrepitosamente, en eso los hombres decidieron definitivamente parar sus labores para ver que era tan gracioso en ese encuentro que hizo reír al hombre de pelo negro.
- se puede saber que es tan gracioso Sr. - dijo Jhon, ahora su tono ya no era sereno, estaba realmente molesto, sentía unas enormes ganas de darle un puñetazo a ese hombre, pero sabia que hacerlo era realmente estúpido, en eso el hombre pareció dejar de reír, y miró a Jhon con esos ojos oscuros que tanto despreciaba el joven, y le dijo secamente.
- ¿sabes realmente quienes somos chico?, no somos honrados mercaderes, ni personas en las que los hombres puedan confiar, somos piratas, nuestro trabajo es saquear y robar, y odio ese tono en el que me dices señor, soy el contramaestre de este navío, y mi nombre es Aldee Levi, recuérdalo chico, y es una pena, pero el capitán no acepta tripulantes, la tripulación ha estado igual desde unos 2 años, por favor, no debería decirlo, pero como andas de igual forma los policías no te creerán, estas frente a la tripulación del “Ladrón Carmesí”, nuestro código es “no nuevos, robar es vida, morir es normal” ,ahora vete, interrumpes mi trabajo, y eso ya es algo que me molesta, largo de aquí, no somos una guardería, chico - al decir la ultima palabra, el tono burlesco del contramaestre Levi irritó a Jhon de una forma en la que nunca había sentido, ese hombre frente a él sólo se estaba burlando de su forma de vida, y lo insultó de una forma más hiriente que los policías de la ciudad, las ganas de golpearlo eran tremendas, pero desistió de hacerlo, golpearlo ahora era poner fin al sueño, recordó las palabras del anciano, nunca pierdas la esperanza, miró una ultima vez al contramaestre Levi con una mirada que él leyó inmediatamente, tal vez no lo había golpeado, pero su mirada representaba una furia enorme, el maestre hizo un gesto con la mano, incitándolo a que se fuera, Jhon dio media vuelta y camino por el mismo camino ,los hombres que habían vuelto a su labor de cargar el barco lo miraron sólo unos instantes, y se sorprendieron de una cosa, al parecer había visto muchas veces esta escena y les llamo la atención una acción de Jhon, la mirada seguía puesta al frente, y sus fuertes ojos verdes miraban al horizonte, había sido humillado por ese hombre, pero no había roto su espíritu, y eso era lo que lo mantenía en pie, los hombres leyeron la mirada del muchacho e hicieron un gesto de felicidad, vieron en él lo que el contramaestre Levi no vio: una fuerza de voluntad incorruptible, luego siguieron cargando el barco, Jhon ya no estaba al alcance de Levi, que siguió sus faenas con total naturalidad, olvidando el hecho casi de forma inmediata, terminaron la carga y entonces hizo una señal al barco, y entre las vagas siluetas que se pudieran observar ,ya que el ocaso estaba cerca, se vio una silueta imponente en cubierta, una silueta que parecía mirar al horizonte.

    Ya empezaba a caer la noche, y con la oscuridad del día, Jhon parecía un poco deprimido, no podría ser jamás un tripulante del “Ladrón Carmesí”, según el contramaestre Levi, pero sentía que no debía dejarse vencer, su espíritu le llamaba a combatir, debía pensar una forma de ser un tripulante, tenía que hacer algo que lo demostrase digno para estar a bordo, caminaba por la ciudad pensando en algún plan, no fijaba bien su rumbo, y sin darse cuenta, estaba en los montes, específicamente en el orfanato, no lo entendía, inconscientemente llego ahí, no importaba, lo vio detenidamente, el tiempo sin duda no pasa en vano, la construcción parecía mucho más deteriorada de cómo la recordaba, al parecer no han tenido fondos para repararla, el edificio en sí se estaba cayendo a pedazos, camino un poco alrededor del lugar, no quería entrar, pero tampoco tenía las ganas de irse, en eso un hombre mayor salió del orfanato, llevaba una túnica de la religión de Ruzl, no recordaba a ese hombre, entonces este le dijo que pasara, a lo que Jhon no quiso acceder, simplemente se quedó en su lugar, el hombre salió a la calle y le habló:
- pareces afligido hijo, lo veo en tu cara, y mira, estás muy sucio, deberías pasar y tomar un baño.
- lo siento, pero no quiero nada más de este lugar, hace mucho que no tengo relación con él - dijo Jhon en un tono seco, sin querer había liberado un poco de su ira contra ese hombre.
- ya veo, estás enfadado, pero cuéntame que sucede hijo - dijo el hombre siempre en su tono amable - quizás pueda ayudarte, ¿por qué mejor no nos sentamos ahí? - sugirió el hombre, en eso Jhon y el hombre se sentaron en un espacio de concreto al lado del edificio.
- no creo que pueda, pero es simple, quiero unirme a una tripulación de un barco en el puerto, pero no aceptan nuevos tripulantes.
- así que es eso - dijo el hombre, parecía pensativo, entonces habló - a veces hijo, una negación es sólo por temor a lo nuevo, puede ser que no quieran nuevos tripulantes por temor a llegar a quererlos, o simplemente por no querer cambiar las cosas, de cualquier forma, con perseverancia, uno puede alcanzar cualquier meta que te propongas, te recuerdo, tal vez tú no a mi, era joven todavía y recién llegaba aquí, tu eres ese muchacho que se fue a los 8 años - dijo el hombre, Jhon lo miró unos segundos, no lo recordaba, pero de cerca, algo en él le pareció familiar.
-sí, pero, ¿qué tiene que ver al tema? - dijo Jhon, ahora más sereno.
- pues todavía te recuerdo porque desde pequeño siempre vi que nunca te rendías, te fuiste sólo al año de que yo llegara aquí, pero desde mi puesto podía ver a los chicos en el patio, ayudabas a los más pequeños de los abusones, y siempre intentabas ser el mejor en lo que hacías, sin duda eras algo especial de ver en un orfanato, donde los chicos suelen terminar siendo delincuentes, tú eres especial, no te rindas ahora, tal vez el hombre al que solicitaste ser parte de la tripulación no vio bien en ti, todavía hay esperanza chico, desde aquí veo un navío en el puerto, tal vez lo alcanzarás si partes ahora - con esta ultima frase, el hombre sonrío viendo al mar, Jhon entendió el mensaje, todavía hay esperanza, no pudo evitar recordar al anciano del puesto de especias, miró fijo hacia el frente, se levantó del banco y comenzó a correr hacia el puerto, avanzó un poco y miró atrás para agradecer al hombre del orfanato, pero ya no había nadie.

    Jhon corrió a toda prisa hacia el puerto y sus pasos se confundían con los de todas las personas en las planicies, el festival había comenzado, no se había dado cuenta pero estaba hambriento, no había comido nada ese día, pero no importaba, todavía hay esperanza, repetía una y otra vez en su cabeza, todavía hay esperanza, esquivó a toda persona que se cruzara en el camino, debía llegar al puerto antes que el barco zarpara, demoro más de lo planeado, las calles e incluso el puerto estaba infestados de gente festejando el festival, logró llegar donde estaba el navío, y ¡sí¡ ,todavía estaba ahí, Jhon corrió hacia el barco, esta vez no se dejaría vencer, pasaría sobre el mismo contramaestre y llegaría frente a frente hasta el capitán ,le demostraría que era digno de ser un hombre a bordo del Ladrón Carmesí. Llegó al mismo punto donde habló con el contramaestre, había un bullicio enorme a bordo, al parecer también estaban festejando, se preguntaba como subir al barco, recordó que los hombres estaban subiendo los barriles a través de cuerdas, así que empezó a buscar una, y ¡sí!, la suerte estaba de su lado, había una cuerda casi al final de donde podía llegar, tal vez con un salto la podría alcanzar, Jhon tomó un pequeño impulso y alcanzó la cuerda con facilidad, luego empezó a trepar y casi llegó al tope, alzó la mirada para poder ver, los hombres estaban de fiesta y había un montón enorme de alcohol y unos músicos tocando una tonada rápida y bailable, Jhon notó que la cuerda estaba cerca de unas cajas, mallas de pesca y algunos barriles, con sigilo siguió trepando y dio un pequeño salto hacia el barco, sonó extremadamente fuerte, pero otra vez la suerte estuvo de su lado, habían lanzado los fuegos artificiales antes de lo previsto, y ahora alumbraban el cielo ,antes oscuro y ahora lleno de colores, el sonido de los fuegos captó la atención de los hombres a bordo así que Jhon pudo esconderse tranquilo entre las mallas y cajas, sólo debía esperar un poco y presentarse frente al capitán.

    Habían pasado las horas, y la fiesta ya había terminado, debió ser medianoche, y todo estaba en la más absoluta calma, sólo se escuchaba el vaivén de las olas, Jhon salió de su escondite sigilosamente, ya estaba a bordo del barco, pero todavía no zarpaban, así que fácilmente podrían tirarlo abajo del barco y después marcharse, la luna brillaba radiante en el inmenso cielo, y Jhon la miró unos instantes, luego dio unos pasos, debía encontrar el cuarto del capitán y hablar con él directamente, no era la mejor forma, pero era la única opción que pudo pensar, ahora era el momento de mostrarse digno de ser tripulante, dio unos pasos, y se quedó parado, no movió ni un músculo, “soy un idiota”, pensó Jhon, alguien lo había atrapado, y en esa ahora silenciosa noche, Jhon sintió el arma en su nuca, el frío del acero de la pistola, miró al frente y al cabo de unos minutos una voz se dejo oír:
- vaya vaya, chico, eres muy valiente al subir a este barco, estas parado en el “Crimson Thief”, el Ladrón Carmesí, y no es un barco que acepte tripulantes ni es muy amigable con los polizontes…sabes que creo, creo que quieres morir chico, dime,¿Quieres morir? -en eso la voz se detuvo un momento, la pistola hizo un chasquido, preparaba el disparo, entonces la voz dijo:
-no, más bien mi pregunta es esta chico, respóndeme ¿Temes morir?

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