Era hora, creo, el día había llegado, y después de unos cuantos años,
volvería a la casa en la que nací y me críe, tomé un bus con dirección al
pueblo en donde vivía, unas cuantas horas desde la ciudad, bajé en la estación
y caminé por la plaza, luego me dirigí entonces a la calle donde estaba la
derruida casa Darson, podía sentir los ojos de personas desconocidas mirando
hacia mí, hace años que no volvía allí, era normal que no me recordaran ni
aunque fuera un poco, esa imagen del niño que jugó ahí desapareció hace mucho.
Me acerqué a la casa, estaba totalmente en ruinas, el paso de los años habían
calado hondo en su madera de alerce, en sus puertas de pino y en el pizarreño
de quién sabe cuantos años, no fue necesario ninguna llave, sólo bastó con
tocar la puerta para que esta cayera con un sonido sordo al piso, me decepcionó
en parte que la casa no tuviera tanto polvo como esperaba, me gusta que mis
expectativas sean correctas, me quedé quieto por unos momentos observando los
bichos y las ratas que escapaban de la luz que provenía desde mi espalda, luego
las olvidé como hacia con todas las cosas, y caminé hacia el comedor, el lúgubre
escenario me cautivaba, hace unos años este lugar estaba ordenado, limpio y
armonioso, ahora estaba incluso como lo dejé la ultima vez, las paredes seguían
del mismo color, aunque más grisáceas por el tiempo, toqué con mis dedos la
mesa del comedor, la madera estaba putrefacta, los bichos habían borrado toda
su majestuosidad anterior, de tiempos pasados, sonreí al pensar en los momentos
en que esa mesa me había ayudado en grandes trabajos, los mejores de mi vida,
debo decir, ya se estaba haciendo tarde, y me quedaba poco tiempo, paré las
sillas que estaban en el suelo, me dirigí al umbral que separaba el comedor de
la cocina y desde allí miré nuevamente el comedor, era la ultima vez que vería
mi lugar de trabajo.
Sólo polvo y nieblas difusas quedaban en esa casa, que hace mucho tiempo fuera mi hogar, en las que podía pasar horas sin necesitar algo, y ahora, a sólo unos minutos de haber entrado, me producían escalofríos y estertores que pocas veces había sentido, seguí el camino hacia la cocina, ¡oh que cruel puede ser el tiempo para los objetos materiales¡, estaba mucho peor que el comedor, y a diferencia del ultimo, el hedor que de seguro era de las ratas que hicieron de la casa su morada se notaba de sobremanera, no pase demasiado tiempo ahí, esquivé lo mejor que pude los escombros y las heces de las ratas y avancé hacia el pasillo para ir a las escaleras, no quedaba mucho tiempo, y quería revisar la casa en su totalidad antes de irme, era prioridad revisar toda la casa. Me acerqué a la escalera y toqué la madera del barandal, acaricié su putrefacta madera, y para mí fue igual a la madera de hace años, esa madera que usaba para deslizarme al primer piso, recordando esos buenos momentos de hace mucho tiempo, subí la escalera con cuidado de no caer, y en el segundo piso revisé todas las piezas, creo que a esta altura es necesario decir que sólo por una razón fui a mi antigua casa, una sola razón era la causa de ese viaje, estaba buscando algo, un juguete, sonará estúpido, pero esa era la verdad, era un juguete muy especial, porque lo usé toda mi vida, revisé en la pieza de mi madre, en la de mi hermano mayor, pero nada, hacia tanto que no estaba en esa casa que olvidé los escondites de mis cosas, finalmente, llegué al baño, y ¡sí¡ ¡ahí estaba, el objeto que andaba buscando¡, lo guardé en mi bolsillo y me dirigí al sótano, el ultimo lugar de la casa, y el más importante de toda ella.
Cuando llegue a la puerta del sótano, la oscuridad que emanaba me llamó de inmediato, bajé sin dudar ni un segundo, como siempre, seguía teniendo ese poder en mí, al llegar al sótano no había nada que pudiera observar con tranquilidad, no podía ver nada, sólo distinguir algunas siluetas, entre ellas, la mesa con mis hermosos cuchillos, me gustaba jugar con cuchillos y navajas, que creo eran de mi padre desaparecido, las usaba con prolijidad y, al pasar los años, me hice un experto en el arte de cortar, especialmente me gustaba usarlos para cortar carne, la sensación al cortar la suave piel y el músculo son para mí, incluso ahora, un placer exquisito, pero bueno, después de este vago recuerdo, y saboreando todavía los últimos momentos de la contemplación de mi carnicería personal, volví sobre mis pasos para ir a lo que alguna vez fue mi habitación, todo estaba totalmente deteriorado, pero todavía esa madera podrida tenia la forma de la que fue mi cama, mi armario, mi butaca, absolutamente todo tenía su forma, pero el padre tiempo lo había dejado inutilizable, no hay mucho que describir de mi cuarto, excepto por el placer que tuve hace años cuando usé las mismas navajas, los mismos cuchillos, en cortar cosa que pudiera encontrar. Finalmente, fui al sótano nuevamente, llamado por pequeñas voces en mi cabeza, me decían que esta era la ultima parada, quedaba muy poco tiempo, bajé por la débil escalera, y mire todo el lugar otra vez, mis ojos habían captado mejor las formas ahora, la humedad en este lugar era mucho mayor que en el resto de la casa, no lo había notado la primera vez que bajé, y el putrefacto olor de la madera por un momento me hizo recordar, recordaba los buenos momentos que tuve en esa casa, momentos que para mí eran de una enorme felicidad, cuando jugaba traviesamente con las navajas y cuchillos, cortando carne, la dulce y suave carne, sonreía al pensar en esto,¡que hermoso placer y exquisito éxtasis era cortar carne!, quería volver a cortar, usar otra vez mis navajas y cuchillos, ¡usar mis juguetes nuevamente¡ ¡había ido a esa casa sólo para usar nuevamente mis juguetes! pero ya no podía cortar más, era un privilegio ya quitado, desde el momento en que deje que esa mujer me encandilara con sus débiles lamentos y estridentes pedidos, ella no quería morir, y yo no quería matarla, pero quería seguir cortando, quería seguir jugando con mis navajas, sólo quería seguir cortando con mis preciados juguetes.
Ya no me queda mucho tiempo, este era mi ultimo deseo, y creo que lo ocupé bien, recordando mis hermosa carnicería, el éxtasis de cortar hasta el ultimo filamento de un cuerpo humano, de recoger mi preciado juguete, guardado con cautela antes de ser encarcelado y examinado por la sociedad como un animal sanguinario e insaciable, el exquisito olor de la sangre en mi antigua casa, impregnado en todas las paredes, y potenciado por los años, ese exquisito olor a sangre, el mismo exquisito olor a sangre que tendrá la plaza mañana, el mismo exquisito olor que tendrá la navaja, una navaja más grande que las mías, la navaja de la sociedad que me juzga como un animal, no puedo sino reír histérico ante este pensamiento, ese hermoso e intrincado pensamiento, seré la ultima victima de la gran navaja, que hermoso ¡que hermoso! , no puedo esperar a que sea mañana.
Sólo polvo y nieblas difusas quedaban en esa casa, que hace mucho tiempo fuera mi hogar, en las que podía pasar horas sin necesitar algo, y ahora, a sólo unos minutos de haber entrado, me producían escalofríos y estertores que pocas veces había sentido, seguí el camino hacia la cocina, ¡oh que cruel puede ser el tiempo para los objetos materiales¡, estaba mucho peor que el comedor, y a diferencia del ultimo, el hedor que de seguro era de las ratas que hicieron de la casa su morada se notaba de sobremanera, no pase demasiado tiempo ahí, esquivé lo mejor que pude los escombros y las heces de las ratas y avancé hacia el pasillo para ir a las escaleras, no quedaba mucho tiempo, y quería revisar la casa en su totalidad antes de irme, era prioridad revisar toda la casa. Me acerqué a la escalera y toqué la madera del barandal, acaricié su putrefacta madera, y para mí fue igual a la madera de hace años, esa madera que usaba para deslizarme al primer piso, recordando esos buenos momentos de hace mucho tiempo, subí la escalera con cuidado de no caer, y en el segundo piso revisé todas las piezas, creo que a esta altura es necesario decir que sólo por una razón fui a mi antigua casa, una sola razón era la causa de ese viaje, estaba buscando algo, un juguete, sonará estúpido, pero esa era la verdad, era un juguete muy especial, porque lo usé toda mi vida, revisé en la pieza de mi madre, en la de mi hermano mayor, pero nada, hacia tanto que no estaba en esa casa que olvidé los escondites de mis cosas, finalmente, llegué al baño, y ¡sí¡ ¡ahí estaba, el objeto que andaba buscando¡, lo guardé en mi bolsillo y me dirigí al sótano, el ultimo lugar de la casa, y el más importante de toda ella.
Cuando llegue a la puerta del sótano, la oscuridad que emanaba me llamó de inmediato, bajé sin dudar ni un segundo, como siempre, seguía teniendo ese poder en mí, al llegar al sótano no había nada que pudiera observar con tranquilidad, no podía ver nada, sólo distinguir algunas siluetas, entre ellas, la mesa con mis hermosos cuchillos, me gustaba jugar con cuchillos y navajas, que creo eran de mi padre desaparecido, las usaba con prolijidad y, al pasar los años, me hice un experto en el arte de cortar, especialmente me gustaba usarlos para cortar carne, la sensación al cortar la suave piel y el músculo son para mí, incluso ahora, un placer exquisito, pero bueno, después de este vago recuerdo, y saboreando todavía los últimos momentos de la contemplación de mi carnicería personal, volví sobre mis pasos para ir a lo que alguna vez fue mi habitación, todo estaba totalmente deteriorado, pero todavía esa madera podrida tenia la forma de la que fue mi cama, mi armario, mi butaca, absolutamente todo tenía su forma, pero el padre tiempo lo había dejado inutilizable, no hay mucho que describir de mi cuarto, excepto por el placer que tuve hace años cuando usé las mismas navajas, los mismos cuchillos, en cortar cosa que pudiera encontrar. Finalmente, fui al sótano nuevamente, llamado por pequeñas voces en mi cabeza, me decían que esta era la ultima parada, quedaba muy poco tiempo, bajé por la débil escalera, y mire todo el lugar otra vez, mis ojos habían captado mejor las formas ahora, la humedad en este lugar era mucho mayor que en el resto de la casa, no lo había notado la primera vez que bajé, y el putrefacto olor de la madera por un momento me hizo recordar, recordaba los buenos momentos que tuve en esa casa, momentos que para mí eran de una enorme felicidad, cuando jugaba traviesamente con las navajas y cuchillos, cortando carne, la dulce y suave carne, sonreía al pensar en esto,¡que hermoso placer y exquisito éxtasis era cortar carne!, quería volver a cortar, usar otra vez mis navajas y cuchillos, ¡usar mis juguetes nuevamente¡ ¡había ido a esa casa sólo para usar nuevamente mis juguetes! pero ya no podía cortar más, era un privilegio ya quitado, desde el momento en que deje que esa mujer me encandilara con sus débiles lamentos y estridentes pedidos, ella no quería morir, y yo no quería matarla, pero quería seguir cortando, quería seguir jugando con mis navajas, sólo quería seguir cortando con mis preciados juguetes.
Ya no me queda mucho tiempo, este era mi ultimo deseo, y creo que lo ocupé bien, recordando mis hermosa carnicería, el éxtasis de cortar hasta el ultimo filamento de un cuerpo humano, de recoger mi preciado juguete, guardado con cautela antes de ser encarcelado y examinado por la sociedad como un animal sanguinario e insaciable, el exquisito olor de la sangre en mi antigua casa, impregnado en todas las paredes, y potenciado por los años, ese exquisito olor a sangre, el mismo exquisito olor a sangre que tendrá la plaza mañana, el mismo exquisito olor que tendrá la navaja, una navaja más grande que las mías, la navaja de la sociedad que me juzga como un animal, no puedo sino reír histérico ante este pensamiento, ese hermoso e intrincado pensamiento, seré la ultima victima de la gran navaja, que hermoso ¡que hermoso! , no puedo esperar a que sea mañana.
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