Hace un tiempo, en las villas del
Norte de Alemania, en las montañas, existió un hombre de nieve, pero no era
cualquier hombre de nieve, sino que era el último hombre de nieve, toda su
especie había empezado a derretirse por una extraña razón que desconocía, hace
algunos años, cuando era un niño en la primera infancia, ¡oh pobre hombre de
nieve!, solo allí en las heladas montañas. Este pobre hombre estaba solo, pero
no quería estarlo y tenía miedo de
seguir estando solo, completamente solo, quería bajar de las montañas para
buscar alguien que quiera estar con él, para así ya no estar solo, pero los
hombres de nieve no pueden nunca bajar de las montañas, porque su cuerpo es tan
helado que congelan lo que tocan, y un día... el hombre de nieve bajo de las
montañas porque no pudo aguantar estar solo, él no sabía que congelaba cosas, y
cuando bajó, tocó un perro y lo convirtió en hielo entonces, preocupado pensó:
"debe haber alguien que no se congele al tocarme" y viajó por el pueblo
que estaba al pie de la montaña buscando a ese alguien, pero sin querer...¡en su
camino congelaba más cosas!, un hombre llamado Franz, una mujer llamada Bertha,
un gato con un collar que decía “Allen”, todos convertidos en hielo por ser
tocados por el hombre de nieve, que se tornaba cada vez más triste y melancólico,
el hombre de nieve llegó a la casa del herrero de la villa, que decían tenía un
extraño ser encerrado en su caldera, y al verlo le preguntó: "¿Tú que
conoces las cosas más ardientes, hay alguna que pueda hacerme compañía sin
tocarme y congelarse?" a lo que el herrero respondió: "Es muy
probable que el espíritu de mi caldera pueda hacerte compañía hombre, pero es
mi fuente de trabajo, no puedo entregártelo así como así, tienes que darme algo
a cambio", el hombre de nieve no tenía nada, con suerte se tenía a sí
mismo, así que no podía hacer el trato con el herrero, y empezó a marcharse, viendo
la melancolía del hombre de nieve al retirarse, el herrero se sintió triste por
su destino, y le dijo:" espera hombre, comprendo tu cruel pesar, así que
te permitiré ver al espíritu de mi caldera, pero solo esta vez, ninguna más",
entonces el herrero hizo unos pequeños símbolos en la caldera y con chispas centelleantes
y con un rojo incandescente salió de la caldera un espíritu antropomórfico con
forma de mujer, que miró al hombre de nieve y al herrero y dijo:" ¿Para
qué me necesitáis señor?" el herrero le contó el destino de este hombre de
nieve, y el espíritu se acercó a verlo más de cerca, vio su mirada melancólica,
a pesar de su cara alegre por ver a alguien que podría soportar su tacto, y se compadeció
de él, ya que entendía su triste destino, entonces le dio un fuerte abrazo al
hombre de nieve, y en efecto, no se congelo, el hombre y el herrero se
asombraron, pero en especial el hombre, se sintió extremadamente feliz, por fin
había conocido alguien que no era congelado por su tacto, y en su mirada ese
semblante triste y melancólico desapareció, solo por un instante, fue realmente
feliz, solo por un instante... y solo por un instante... el calor que desprendía el
espíritu no solo le impedía congelarse, sino que derritió al hombre de nieve en un
momento, y en la casa del herrero quedó una marca de agua en el suelo, que
parecía semejarse al rostro de un hombre feliz.
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